
Hace justamente 100 años se hundió un lujoso crucero en las heladas aguas del Atlántico Norte. Se llamaba RMS Titanic y, a partir de ese momento, se convirtió en la leyenda que fascinaría a todas las generaciones posteriores.
Por la terrible pérdida de vidas humanas, por la rapidez con la que se hundió, por llevar en sus entrañas tanto a opulentos millonarios que viajaban por placer como a humildes inmigrantes que iban en busca de un sueño…
A la hora de abandonar el barco los botes salvavidas resultaron insuficientes, ya que se consideraba que el Titanic era insumergible. Ese error supuso que sucumbieran 1.514 hersonas y que sólo se salvaran algo más de 600.
En la lucha por la supervivencia se produjeron casos de salvaje egoísmo y también otros de extremo heroísmo, conforme a la variada condición humana.
De entre esos personajes surgidos de la bruma del desastre, destaca uno, Margaret “Molly” Brown, llamada desde entonces “la insumergible Molly Brown”.
¿Quién era Molly?
Hija de pobres inmigrantes irlandeses, los Tobin, Molly protagonizó una vida novelesca y fuera de lo común. Casada con su amado J.J. (James Joseph Brown), un pobre ingeniero en minas, lo vió convertirse en multimillonario de un día para el otro gracias a un yacimiento de plata.
Molly dedicó todos sus esfuerzos, a partir de entonces, a la lucha por los derechos de la mujer, convirtiéndose en una conocida y aguerrida sufragista. También fue socia fundadora del Club de la Mujer de Denver, cuya misión era mejorar la vida de las mujeres a través de la educación continuada y la filantropía, entre otras actividades.
Viajera incansable, Molly fue, en 1901, una de las primeras estudiantes en matricularse en el Instituto Carnegie de Nueva York, lo que la introdujo en las artes y en el fluido manejo del francés, el alemán y el ruso.
Molly embarcó en el Titanic en Cherburgo, la noche del 10 de abril de 1912. Tenía 44 años y viajaba con sus amigos, el matrimonio Astor.
La noche del desastre, se encontraba leyendo tranquilamente en su camarote. Al oír el estruendo del choque con el iceberg, subió rápidamente a cubierta, se colocó el salvavidas y ayudó a otros a hacer lo propio.
Lejos de amilanarse, Molly Brown colaboró en el embarque de mujeres y niños dentro de los botes, decidiendo que, si no había lugar para ella, se salvaría nadando. Alguien la obligó a embarcar y su bote se alejó lentamente del barco siniestrado.
Cuando el Titanic se hundió, en una escena impresionante, sobrevino el silencio y la calma, sólo alterados por las llamadas de auxilio de los que se debatían en medio del océano donde flotaban enormes trozos de hielo.
Molly decidió que debían volver a recogerlos pero el contramaestre Hichens, al mando del bote, se opuso, aterrado ante la posibilidad de que el bote se hundiera por exceso de peso. Mantuvieron una agria discusión que Molly zanjó al empuñar firmemente los remos del bote y ordenar a otras mujeres que hicieran lo mismo.
Recogieron a unos pocos náufragos antes de que murieran víctimas de la hipotermia y continuaron su viaje trágico y silencioso hasta que, con las primeras luces del amanecer, fueron rescatados por el buque Carpathia.
Molly, para entonces, había compartido hasta sus medias con otras mujeres y las había mantenido calientes a todas obligándolas a remar por turnos.
Una vez a bordo, la incansable Molly no se detuvo: ayudó a organizar los socorros, distribuyó mantas y jarros con té hirviendo, hizo de intérprete para las aterrorizadas mujeres inmigrantes que lo habían perdido todo, hasta sus maridos.
Feminista radical, Molly proclamó ante quien quisiera oírla que lo de “mujeres y niños primero” le parecía trágicamente inmoral: “Las mujeres pedimos derechos iguales en tierra… ¿Por qué no en el mar?”.
Aún cuando el Carpathia atracó en Nueva York, Molly permaneció a bordo protegiendo a las desamparadas inmigrantes y, para socorrerlas, realizó entre los pasajeros acaudalados una colecta que alcanzó los 10.000 dólares (una fortuna para la época).
Su fama como valerosa superviviente del Titanic la acompañó toda la vida, contribuyendo a que lograra promover los temas por los que ella había estado luchando: los derechos de los trabajadores y las mujeres, la educación y alfabetización de todos los niños, la preservación histórica de la valentía y caballerosidad demostrada por los hombres que iban a bordo del Titanic.
Durante la Primera Guerra Mundial, Molly se presentó como candidata al Senato de los EE.UU. y trabajó arduamente para reconstruír vastas áreas de la Francia devastada, por lo que fue condecorada con la Legión de Honor.
Después de incursionar durante varios años como actriz en el final de su vida, Molly Brown falleció a los 65 años de un tumor cerebral en 1932.
En su último acto de caridad, legó una suma de dinero para que los niños de los mineros pobres de Leadville, Colorado, recibieran como regalo de Navidad mitones y botas para luchar contra el frío.
Para el resto de nosotros, el nombre y el ejemplo de Molly estarán para siempre unidos al recuerdo del Titanic, ese símbolo que llevamos ya impreso en el inconsciente colectivo como emblema del orgullo, la ostentosidad y la soberbia humanas, y también, del coraje y la tragedia.
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La práctica de Bacha Bazi, una forma de pederastia proveniente de la India, prevalece en Afganistán desde la época de la dominación griega hace más de veinte siglos.
Consiste en hacer cantar y bailar a chicos de entre 8 y 19 años años, de una manera muy provocativa, maquillados y vestidos como mujeres, para deleitar a los hombres que los admiran con los ojos encendidos de deseo.
Más tarde, cuando se terminan los bailes, los niños se convierten en esclavos sexuales para sus amos o para el que los alquile.
En una cultura, la afgana, en la que los dos sexos viven estrictamente segregados, en la que las mujeres están cubiertas por espesos burkas y les está prohibido bailar o exhibirse, los niños se han convertido en iconos eróticos y en objetos de deseo.
El Islam odia la homosexualidad, pero tolera la pederastia.
Poseer a uno de estos niños es símbolo de status para los hombres poderosos: gobernantes, altos mandos del ejército, ricos comerciantes y políticos encumbrados, todos ellos casados y con hijos, a veces de la misma edad que sus ‘muchachos’.
Los niños, vendidos por padres pobres o huérfanos recogidos de la calle, son obligados a aprender a cantar y a bailar con provocativos gestos femeninos, al son de las pulseras de campanillas atadas a sus tobillos.
El que se rebela es castigado duramente hasta que se doblega ó apaleado hasta la muerte. Amenazados y maltratados, pronto se resignan a su suerte.
Se los explota en celebraciones y con clientes particulares, ó se les destina para uso privado, como concubinos que deben llamar a su amo respetuosamente ‘mi señor’ y mostrarse agradecidos por su protección.
A los 19 años, cuando se les acentúan los rasgos masculinos y dejan de ser los bellos efebos andróginos de la adolescencia, los retiran de la profesión.
Muchos de ellos se dedican, entonces, a la compra, entrenamiento y disfrute de otros niños, cumpliendo la ley inexorable que establece que la víctima abusada, a manera de compensación, se convierte a su vez en verdugo abusador.
Aunque hace pocos años el Bacha Bazi estaba prohibido por los Talibán, en la actualidad se encuentra en pleno auge.
Los soldados occidentales que ocupan actualmente Afganistán suelen ver, entre atónitos y horrorizados, cómo algún hombre maduro se pasea de la mano de un niño bonito, exhibiéndolo orgullosamente como si fuera su hijo.
Pero no lo es, simplemente se trata de su ‘pequeño amante’, su ‘muchachito’, su ‘chico que danza’…
El Bacha Bazi (“Juego con niños”) es un tema del que no se habla en Afganistán, aunque no es más que la prolongación de otra práctica, en inglés Man-love Thursday (“Amor de hombre del jueves”), que establece que la noche de los jueves, equivalente al sábado por la noche en Occidente, los hombres se entreguen al sexo homosexual, a falta de otro mejor.
Suelen afirmar: “Para hijos, la mujer; para placer, el niño; para éxtasis, la cabra…”
Y comentan que, ya que las mujeres son “sucias” (están contaminadas por su período menstrual), prefieren enamorarse de los niños, que están “limpios”…
Costumbres que, no por muy arraigadas que estén desde hace siglos, dejan de escandalizar a los extranjeros.
El diario Toronto Star relató el año pasado que los soldados canadienses se horrorizaban de ver a los niños pequeños que, obligados por sus padres o sus amos, merodeaban por los cuarteles para ofrecer sus servicios sexuales a los soldados afganos.
El mismo artículo incluía la declaración de un soldado del Canadá que había presenciado, en junio de 2006, una violación anal tan brutal, por parte de un soldado afgano a un niño, que las heridas provocadas habían dejado salir los intestinos al exterior del cuerpo.
En un país en que el Primer Ministro, Hamid Karzai, pertenece a la etnia Pashtun (que adhiere masivamente a estas prácticas y que, por lo tanto, las contempla con indulgencia), poco es lo que puede hacerse para erradicarlas.
Como afirmaba el periodista australiano Patrick Cockburn: “Una razón por la que los campesinos afganos prefieren al anterior régimen talibán es que las actuales fuerzas de seguridad gubernamentales suelen capturar a sus hijos para sodomizarlos”.
A pesar de los indignados reclamos de la ONU y de las enérgicas condenas de los líderes religiosos, que afirman que cualquiera que quebrante de esta manera la ley islámica debe ser apedreado hasta morir, la aberrante práctica, desgraciadamente, va en aumento.
Mientras no puedan mirar el rostro o la figura de una mujer, ni dirigirle la palabra hasta el día de la boda, los hombres afganos deberán seguir recurriendo, enfermizamente, a las imágenes de los niños más bellos para poblar sus fantasías eróticas.
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Con sus 84 años a cuestas, camina encorvado mientras revisa las orquídeas que cultiva en el fondo de su casa, una antigua construcción en el modesto barrio oeste de Boston. Después se sienta ante una mesa abarrotada de libros, en su mayoría ensayos, con su perro labrador echado a los piés.
Parece un viejo inofensivo, pero no lo es.
En realidad Gene Sharp ha cambiado, y muchas veces, la historia del mundo. Casi todas las revoluciones del planeta desde hace décadas llevan su sello intelectual: Ucrania, Servia, Birmania, Kurdistán, Venezuela, Vietnam, Zimbabue, Guatemala, Australia, China, Japón, Georgia, Tailandia, Irán, Ucrania, entre muchas, hasta las más recientes de la Primavera Árabe como Túnez y Egipto. La lucha que en estos momentos se lleva a cabo en Siria también practica sus enseñanzas.
¿Quién es Gene Sharp?
Según sus propias palabras, y a partir de su formación religiosa, todo surgió a partir de una pregunta: ¿cómo hacer para convertir al mundo en un lugar mejor? Su primera respuesta fue la insumisión: en 1953 estuvo preso durante 9 meses por negarse a ir a luchar en la guerra de Corea.
Después de doctorarse en la Universidad de Oxford fue nombrado Investigador Asociado del Centro para Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard. Asimismo, es fundador de la Institución Albert Einstein, cuya misión consiste en defender las libertades e instituciones democráticas, oponerse a la opresión, la dictadura y el genocidio, y reducir la violencia con instrumento político.
Tras las huellas de Gandhi, ha hecho de la resistencia no violenta su bandera.
Autor de libros tan influyentes como La política de la acción no violenta, De la dictadura a la democracia y La relevancia de Gandhi en el mundo moderno, afirma tajantemente: “Todo pasa por identificar la fuente del poder de una dictadura. Puede ser el apoyo popular, la legitimidad, el apoyo institucional, etc, de la que dependa la existencia de esa dictadura. El plan consiste en organizarse para reducir esa fuente de poder y así debilitar al régimen hasta que se desmorone y caiga por sí mismo”.
Sharp acuñó el término “jiu-jitsu político”, el que, siguiendo las reglas del judo, consiste en derribar al oponente mediante un desequilibrio generado por una táctica política estratégica o maniobra.
Su creencia fundamental es la de que toda estructura de poder se basa en la obediencia de los sujetos a las órdenes de los dirigentes. De esa forma, si el sujeto no obedece, los líderes no tienen poder.
Humilde y sensato, erudito y creativo, Gene Sharp lleva más de 50 años luchando por la democracia: “Lo hago para que la gente oprimida pueda alcanzar la libertad, para que los terroristas no se conviertan en terroristas ya que pueden apelar a este otro tipo de lucha armada”.
Sus 198 Métodos de Acción No Violenta ha sido el manual estratégico de todas las rebeliones populares de las últimas décadas. Traducido a más de treinta idiomas, ha pasado de frontera en frontera, a escondidas de las policías secretas de todo el planeta.
En él se explican tácticas de desobediencia civil que van desde cómo aplicar el boicot de los consumidores, a de qué manera organizar una manifestación pacífica, hasta el modo de ridiculizar a los gobernantes despóticos en obras de teatro.
Está demostrado que estas 198 claves funcionan y son efectivas a la hora de erosionar el poder político, tanto, que su difusión aterra a los gobiernos autoritarios.
Cuando el manual llegó a Rusia, los servicios de inteligencia allanaron la imprenta y las librerías donde estaba en venta fueron misteriosamente consumidas por el fuego.
Las autoridades iraníes se apresuraron a transmitir una película de propaganda animada en la televisión estatal que mostraba a Gene Sharp complotando para derrocar al gobierno de Irán desde Washington.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, utilizó su programa semanal para advertirles a sus conciudadanos que Sharp era una amenaza a la seguridad nacional.
Ahora, los 198 Métodos pueden descargarse gratuitamente por internet.
Uno de los mejores colaboradores de Gene Sharp es el también anciano Bob Helvey, coronel retirado de EE UU, héroe de la guerra de Vietnam, condecorado en 1968 por su extraordinario heroísmo en acción.
“Vietnam me convenció de que tienen que existir alternativas de cambio que no incluyan el matar a la gente”, afirma. Su impecable mentalidad de estratega militar impresiona mucho a los jóvenes revolucionarios a los que asesora, más idealistas y menos prácticos que él.
Los dos, Sharp y Helvey, trabajan instruyendo a todo aquel que lo necesite en su lucha por la democracia.
“La rebelión de la Plaza Tiananmen, a la que acudí como observador, fracasó porque los estudiantes no tenían ni planificación ni decisiones estratégicas, como por ejemplo, cuándo abandonar la plaza. Improvisaban constantemente y por eso fracasaron y fueron masacrados”, afirma Sharp.
Considerado por sus detractores como colaborador de la CIA y por sus seguidores como justo merecedor del Premio Nobel de la Paz, Gene Sharp, a pesar de sus dificultades económicas, prosigue su trabajo tranquila y calladamente.
Ignorado por el gran público, está considerado como la persona más influyente en la política mundial después del Che Guevara.
Le gusta repetir a los jóvenes su frase favorita: “Jamás te rindas. Mientras no te rindas, no estás derrotado”.
En momentos como el actual, en el que hay tanto por lo que luchar, un viejo-joven-rebelde como Gene Sharp constituye un ejemplo y una inspiración.
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Hace pocos días, durante los festejos navideños, su caso dio la vuelta al mundo. Sahar Gul, una adolescente afgana de 15 años, acababa de ser liberada de un calvario atroz.
Casada desde hacía siete meses con un hombre que le doblaba la edad, éste y toda su familia política habían decidido prostituírla, a lo que la joven se había negado.
Por eso, y seguramente para ‘ablandarla’, la habían encerrado en el sótano de la casa y la habían sometido a todo tipo de torturas. Cuando la liberaron tenía los ojos amoratados, los dedos rotos, las uñas y parte del pelo arrancados, hematomas por todo el cuerpo, quemaduras de cigarrillos y la piel ennegrecida por la suciedad.
Tras seis meses de calvario, Sahar se encontraba al borde de la inanición y casi no podía hablar.
Desde entonces está siendo atendida en el hospital Wazir Akbar Khan, de Kabul, donde su estado sigue siendo gravísimo. Tiene que llevar pañales y, cuando las enfermeras intentan tomarla de la mano se retrae, espantada.
Ha sufrido tanto que no tolera el más mínimo contacto humano…
Cuentan sus vecinos que, en varias ocasiones, se había escapado a pedirles auxilio, clamando que su familia política quería prostituírla, pero la policía la devolvía, invariablemente, a su domicilio.
Sólo cuando uno de sus tíos intentó visitarla se descubrió su terrible situación y pudo, por fin, ser rescatada.
Este tipo de noticias sobre las mujeres afganas no es nueva: según un reciente informe, el 87 % de ellas han sufrido alguna forma de violencia física sexual o psicólogica, como lo es el matrimonio forzado.
Dado a que el huir de un marido abusivo o de un casamiento obligado son considerados ‘crímenes morales’, hay en la actualidad muchas mujeres afganas en la cárcel por esos motivos.
Padecen también un extremo tan trágico como absurdo: muchas víctimas de violación han sido obligadas a casarse con su violador o han sido encarceladas y hasta lapidadas, ya que el sexo fuera del matrimonio (aún forzado como es la violación) es considerado adulterio, otro ‘crimen moral’ que ha avergonzado a sus familias, quienes lavan así su honor.
Ser mujer en Afganistán es una cárcel tan inexorable como los gruesos burkas que cubren sus cuerpos… No hay para ellas ninguna vía de escape.
“Si huyen, ¿adónde van? Si se dirigen a la policía o a cualquier autoridad local lo más probable es que las reenvíen a sus familias o las encarcelen. Y cuando vuelven los abusos aumentan”, comenta Heather Barr, investigadora de Human Rights Watch en Kabul.
El actual Gobierno, presionado por la comunidad internacional, intenta cambiar esta terrible realidad, pero choca contra las costumbres ancestrales heredadas de la defenestrada cultura talibán: la compra-venta de mujeres para el matrimonio, las bodas infantiles o forzadas, las violaciones y el baad (regalo de una mujer para resolver una disputa familiar).
En el país donde se viola cotidianamente, hasta a pequeñas de tres años, tampoco los niños varones se salvan (CNN agosto 2008).
En el festejo ancestral bacha-bazi (juego de niños) hacen vestir a los chiquillos como a niñas y bailar para los hombres musulmanes que luego los violan.
Más tarde por la noche, cuando ya nadie baila, los niños son dados a amigos, para favores sexuales. No es nada raro que al final de la noche, estos pequeños tengan un nuevo propietario, ya que en estas fiestas son comprados y vendidos.
En medio de este infierno para los derechos humanos, tímidamente se enciende en el negro horizonte una débil luz en la oscuridad: Fawzia Koofi se ha convertido en la primera mujer que ocupa el puesto de vicepresidenta en el parlamento afgano.
Pese a haber sufrido varios intentos de asesinato y toda clase de amenazas, esta médica viuda de 46 años sigue adelante y acaba de afirmar que se presentará como candidata para las elecciones presidenciales de 2014.
Fawzia representa, seguramente, la antorcha de la libertad para las mujeres afganas.
Esperamos que le permitan alcanzar sus objetivos y, también, que Sahar pueda dejar definitivamente su infierno en el olvido.
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“Yo era un pilluelo descalzo de los suburbios. Fui a una escuela donde no había escritorios. Nos sentábamos en bancos y, cuando el maestro nos hacía escribir, nos arrodillábamos en el suelo y usábamos los bancos como escritorios… ¡Ojalá hubiéramos tenido TutuDesk en esos tiempos!..”
Así rememora su niñez Desmond Tutu, el clérigo y pacifista sudafricano reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1984 y que actualmente se desempeña como Arzobispo Anglicano en Ciudad del Cabo.
Auspiciando la campaña ’20 millones de TutuDesk para 20 millones de niños’ Tutu se pregunta: “¿Puede alguien aprender sin un escritorio? Las alternativas serían: escribir acostado boca abajo en el suelo, de pie con el cuaderno sobre la pared, sentado apoyando el cuaderno sobre la espalda de un amigo, sentado con el cuaderno sobre las rodillas, arrodillado con el cuaderno sobre el suelo… ¿No resta esta dificultad interés y concentración? Tener una superficie de escritura, en la escuela, el hogar o debajo de un árbol, es absolutamente necesario para aprender…”
Fiel a esta idea, Tutu ha patrocinado la creación de una sencilla tabla individual de madera en forma de riñón que incluye un abecedario pintado y un ábaco.
Se apoya sobre las rodillas y, bautizada como ‘TutuDesk’ (Tutu-Escritorio), está destinada a los 100 millones de niños africanos (y más de 400 millones en todo el mundo) que no tienen acceso a la educación.
En este mundo de desigualdad, aprender a leer y escribir es la llave para poder luchar y conseguir cambios fundamentales en el planeta.
El TutuDesk está pensado para apoyar las Metas del Milenio: alcanzar una educación primaria universal; desarrollar una sociedad global para el desarrollo; combatir el sida, la malaria y otras enfermedades; asegurar la sostenibilidad ambiental y promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.
Objetivos que, sin lugar a dudas, no se pueden alcanzar en un mundo analfabeto.
Hace pocas semanas se celebró en Zurich, Suiza, el evento más global después de la Olimpíadas, el One Young World 2011 (Un solo mundo joven 2011), en el que participaron más de 1.300 jóvenes líderes de 170 países.
Contó con la asistencia del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, y de personalidades como Desmond Tutu, los príncipes herederos Haakon y Mette-Marit de Noruega, los Líderes Estudiantiles Africanos y más de otros 100 representantes de proyectos medioambientales y educativos.
La multitudinaria reunión, denominada por los periodistas ‘El Davos de los Jóvenes’ y realizada en Londres por primera vez el año pasado, reúne a los jóvenes líderes venidos del mundo entero para encontrarse y discutir durante cuatro días los problemas mundiales más acuciantes de la actualidad.
Estos chicos y chicas (todos menores de 25 años y seleccionados por su potencial de liderazgo) debaten durante seis sesiones plenarias sobre el poder de los medios, la salud, el negocio, el medioambiente y la religión, votando posteriormente resoluciones que faciliten la llegada de un mundo mejor.
Su consejero, Paul Polman, declaró: “El mundo se enfrenta a enormes desafíos para los próximos 50 años al tratar de evolucionar de una economía consumista a una nueva economía sostenible. Los líderes de hoy están empezando a tantear estos desafíos, pero serán los líderes del mañana quienes deberán tomar las decisiones esenciales. Nuestro trabajo consiste en inspirar a estos nuevos líderes para que puedan aprovechar las oportunidades que estos desafíos presentan.”
Ahora bien, estos bellos discursos no se quedan sólo en palabras…
Francia, por ejemplo, ha presentadosu proyecto de contribución sobre los movimientos de capitales para financiar una campaña de salud mundial.
Consiste en tasar los movimientos financieros con un 0,005 % , lo que dejaría una recaudación de unos 30 mil millones de dólares, que pagarían las vacunas y medicamentos necesarios para que los 7.000 niños que mueren hoy cada día por falta de ellos puedan sobrevivir.
También la joven universitaria americana Erin Schrode, después de ver las desoladoras imágenes de un Haití devastado por el terremoto en 2010, creó la campaña The Schoolbag.
Considerando acertadamente que la prioridad para normalizar la vida de los pequeños afectados era, justamente, volver a la escuela, Erin puso en marcha esta campaña en la que, recaudando fondos de particulares, logró proveer a miles de niños haitianos con mochilas escolares repletas de todos los materiales necesarios.
Y The Schoolbag todavía sigue en marcha…
Uno de los momentos más emotivos del encuentro juvenil fue, sin lugar a dudas, el gesto simbólico de Desmond Tutu al entregarles, tanto a Erin Schrode como a su compañero de proyecto James Alcime (joven líder haitiano fundador de VOF World Voices of Future) un TutuDesk a cada uno en agradecimiento por los valiosos esfuerzos realizados para hacer llegar a algunos de los niños más desfavorecidos de la Tierra la luz de la alfabetización.
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Dos millones de hijas rechazadas mueren cada año en el mundo…
Ésta es la escalofriante cifra con la que concluye el ‘Informe sobre el desarrollo mundial 2012: Igualdad de género y desarrollo’, elaborado por el Banco Mundial.
Y estos dos millones de ‘niñas desaparecidas’ corresponden al millón y medio de abortos selectivos que se realizan en embarazos avanzados debido a que el feto es una niña, además de otro medio millón de hijas menores de cinco años que mueren porque en sus hogares paupérrimos prefieren alimentar mejor a los hijos varones o porque, simplemente, no las alimentan después de nacer.
Este horror, hasta ahora practicado mayoritariamente en China, India y Corea del Sur, se está extendiendo paulatinamente al Cáucaso y a los Balcanes.
A pesar de que las autoridades de estos países han tratado de detener esta terrible práctica, prohibiendo el uso de ecografías para detectar el sexo de los fetos y penalizando a los médicos si lo informan, en los últimos 20 años han aumentado los feticidios de niñas en China hasta superar al millón en 2008.
Sólo en la India se calcula que se han abortado diez millones de fetos femeninos en los últimos 20 años.
En China, la ‘Política del Hijo Único’ no hizo más que empeorar las cosas ya que, puestos a elegir, los padres preferían abortar, abandonar o dejar morir a las niñas para tener un varón como hijo único, sobre todo en las zonas rurales muy atrasadas.
En el campo hacen falta brazos para la cosecha y las hijas salen demasiado caras porque hay que darles una dote para poder casarlas.
Si la hija no se casa, será una carga -y probablemente una deshonra- para la familia durante toda la vida. Además, un niño resulta de más ayuda en el campo, afirman.
Y, en países donde no existen los sistemas de pensiones, el hijo varón se convierte, asimismo, en el seguro para la vejez de los padres.
Este feminicidio masivo, horroroso en sí mismo, que no es ni más ni menos que un asesinato de niñas por el sólo hecho de serlo, trae aparejado también funestos corolarios.
Cuando pasan los años, los hombres en edad de casarse superan al número de mujeres de su generación, por lo que paralelamente han ido aumentando el secuestro y la venta de niñas, la prostitución infantil y la violación de mujeres.
Una de las medidas que más éxito están teniendo para frenar esta masacre silenciosa es el el Programa Nanda Devi para Niñas, lanzado hace tres años por el gobierno de Uttarakhand, en el Himalaya indio.
En él se establece que a cada niña nacida luego de enero de 2009 en familias que viven bajo la línea de pobreza le corresponde un depósito fijo de 105 dólares, que puede retirarse con intereses cuando la beneficiaria tenga 18 años y haya terminado la escuela secundaria.
“Esos programas son lentos, pero sin duda logran un cambio en una sociedad donde el deseo de tener un heredero varón es un asunto social complejo”, afirma Shashi Bhushan, de Shri Bhuvaneshwari Mahila Ashram (SBMA), una organización no gubernamental que ayuda a proteger los derechos de las mujeres.
Tomar conciencia de que estas barbaridades todavía se cometen en nuestros tiempos y denunciarlas públicamente es comenzar a erradicarlas, en nombre de la humanidad y de esos millones de gritos silenciosos que, sin embargo, llegan a nuestros oídos.
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Hace pocas semanas la reportera de la BBC Anne Mwathe denunciaba desde la frontera entre Kenia y Somalia: “Las madres somalíes están abandonando a sus bebés junto al camino…”
Una refugiada lo relataba así: “Hubo una sequía. Luego una guerra. No había nada que darle de comer a los niños… Caminé con mis hijos durante 22 días sin tomar alimento, sólo agua. Uno de ellos estaba tan enfermo que, para salvar a los otros, tuve que dejarlo a un costado del camino. Sus ojos todavía me persiguen…”
Demasiado débil para cargarlo en brazos, prosiguió su viaje, tambaleándose y con los más pequeños asidos a sus faldas, hasta alcanzar la meta salvadora: los campos de refugiados de Dadaab.
Para lograrlo atravesó áreas donde acechan bandoleros y grupos armados que intentaron violarla, a ella y hasta a sus hijas pequeñas.
Lo afrontó todo, con tal de llegar a los campos de refugio que, preparados para 90.000 personas, albergan ya a más de 400.000.
Y que son bastante peligrosos…
Arriban 1.300 refugiados por día, en su mayoría mujeres y niños.
Una vez allí, transcurren de siete a doce días antes de que los niños agonizantes reciban la primera ración alimenticia.
La desnutrición, sumada a las enfermedades generadas por el hacinamiento y la falta de agua, hacen el resto.
Y, como si fuera poco, siguen en peligro de ser violados, cuando buscan leña o van al usar el bosque como letrina.
Ya han muerto 30.000 niños, más de la mitad durante la primera semana en los campos de refugio. Y 12 millones de personas siguen todavía en peligro…
¿Qué originó este verdadero infierno sobre la tierra?
Primero, el cambio climático, los fenómenos de El Niño y la Niña que perturbaron las condiciones de humedad en todo el hemisferio sur.
Y también la especulación alimentaria, las empresas de agricultura industrializada que se han apoderado de las tierras y siembran monocultivos de grano que alcanza en los mercados precios tan disparatados que los países pobres no alcanzan a pagarlo.
Fue en verano de 2008 cuando la crisis se trasladó dramáticamente al tercer mundo y mató de hambre a millones de personas a causa de la especulación en los mercados de futuros de materias primas.
La ONU ha pedido a la comunidad internacional los 1.600 millones de euros necesarios para afrontar la crisis. Pero Francia, por ejemplo, sólo ha destinado hasta ahora menos de 10 millones de euros.
Se llegó a anunciar una urgente reunión de donantes, pero tampoco ésta llegó a concretarse… Todo hacía presagiar que, pronto, sucedería lo peor.
Sin embargo, como en los cuentos de hadas, un súper héroe ha acudido a salvar a las personas en peligro.
Esta luz verde de esperanza ha comenzado a brillar desde el pasado 8 de marzo, cuando el Parlamento Europeo aprobó la Tasa Robin Hood, promovida por una alianza de ONG (Intermon Oxfam, Ayuda en Acción, Save the Children, Plan, entre otros) que propusieron un impuesto a las transacciones que realizan los bancos.
Esta tasa del 0,005 % al 0,05 % tendría como objetivo la creación de un fondo para luchar contra la pobreza y ayudar a los países pobres afectados por el cambio climático.
Se calcula que podrían recaudarse unos 300.000 millones € en Europa que, sumados a los 650.000 millones € aportados por el resto de la comunidad internacional, contribuiría tanto a que se redujeran considerablemente las diferencias sociales como los efectos del cambio climático y a que se cumplieran los compromisos adquiridos en el año 2000 por 189 países: los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La propuesta ante el Parlamento Europeo, defendida por la socialdemócrata griega Anni Podimata, incluye asimismo otras medidas ejemplarizantes, tales como la creación de eurobonos e impuestos verdes.
La Tasa Tobin (así llamada en honor a quien la ideó, el Premio Nobel de Economía estadounidense James Tobin), ahora rebautizada como Tasa Robin Hood, ya ha sido respaldada por Alemania y Francia, aunque EE UU ha pedido calma para evaluar los efectos…
Si se hiciera realidad y comenzara a aplicarse, la justicia cósmica habría logrado que algo de la riqueza colonial acumulada durante siglos por las superpotencias, y que fue arrebatada mediante el saqueo y la opresión, volviera a manos de sus legítimos propietarios.
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