Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘. Ponencias’ Category


Bona nit, buenas noches.
La mujer siempre ha sido la guardiana de la vida.
Esto es lo que afirmo en mi libro El vientre cósmico; la mujer en la posmodernidad, que tuvo el privilegio de inaugurar la Colección Techo de Cristal de Editorial Sirpus.
Sin embargo, y durante los 5.000 años del patriarcado, los valores femeninos se han visto desprestigiados.
La solidaridad, el cuidado de la vida, la intuición, la empatía, la aceptación del otro, la compasión, han sido considerados términos de seres débiles y cobardes como lo eran, según esos criterios, las mujeres y los hombres “blandos”.
Todo lo que provenía del universo femenino, hasta la naturaleza y la importancia de la vida misma, había entrado en una niebla de invisibilidad y menosprecio.
Sin embargo, la energía femenina, que constituye la mitad del motor espiritual humano, ha estado siempre presente, tanto en las mujeres como, en estado de latencia, también en el lado femenino de los hombres.
Para que exista una verdadera democracia sobre la tierra, la voz de la mujer debe ser escuchada y sus valores jerarquizados.
Si no, se seguirá produciendo este desequilibrio ético que nos ha conducido ya al borde del abismo y que toma el rostro del neo-liberalismo salvaje que destroza la naturaleza y aumenta las diferencias entre ricos y pobres.
Para las mujeres, que son las principales víctimas de la pobreza, la emigración aparece como una posibilidad de mejorar su suerte, y también la de sus familias y sus comunidades.
En muchos casos, las mujeres inmigrantes vienen a cubrir demandas de servicio doméstico que ya casi estaban extinguidas en España, como lo es la modalidad de internamiento.
También se convierten en cuidadoras de personas ancianas, en un país cada vez más envejecido cuyas políticas gerontológicas estimulan el cuidado domiciliario.
Algunas se ven obligadas a vender sus cuerpos.
Poco se reconoce, en los ámbitos estatales, ese fenómeno de la energía femenina que se ha manifestado sobre todo en la inmigración latinoamericana y que consiste en que, en una abrumadora mayoría, sean las mujeres las que emigran primero y luego, gracias a fatigosos trabajos, no sólo envíen dinero para mantener a sus familias sino que, cuando tienen sus papeles en regla, también se las traigan a España.
A pesar de la dura realidad que suele depararles la inmigración, ésta también les ofrece ventajosas oportunidades.
Al trasladarse a un nuevo país, las mujeres inmigrantes se ponen en contacto con nuevas ideas y nuevas normas sociales que pueden contribuír a hacerles tomar conciencia de sus derechos, y así, posibilitar una participación más plena en la sociedad.
En una etapa posterior, seguramente estas mujeres exportarán dichas vivencias a sus países de origen, y de esta manera ejercerán una influencia positiva en las cuestiones de género.
La globalización económica le ha impuesto a la mujer de hoy una triple carga: la de ganarse el sustento con el salario más bajo posible, la del trabajo doméstico acumulado cuando regresa a su casa y la de la maternidad sacrificada, por la dificultad en conciliar familia y trabajo.
Las avanzadas sociedades nórdicas han encontrado una solución a este dilema apoyando con generosas prestaciones económicas a todas las madres, casadas o solteras, para que puedan criar bien a sus hijos y, al mismo tiempo, trabajar con tranquilidad.
No es casual que sean los países escandinavos, Suecia, Finlandia y Noruega, los que tienen las economías más prósperas, las expectativas de vida más longevas y las tasas de criminalidad más bajas de Europa.
Uno de los objetivos que se ha planteado la colección Techo de Cristal es el de facilitar al colectivo de mujeres inmigrantes el conocimiento y el alcance de aquellos recursos que puedan facilitarle la integración.
Otro, el de ayudar a la difícil conciliación de trabajo y maternidad, sin duda uno de los retos más importantes que enfrenta la mujer de nuestros días.
Pero sin duda el más importante y que resume a todos es el de ROMPER el techo de cristal que la mujer ha tenido sobre su cabeza durante los últimos 5.000 años, para que pueda alcanzar la total igualdad con el hombre y una plena autonomía que le permita, simplemente, ser ella misma.
Muchas gracias.

Read Full Post »


Es para mí una enorme satisfacción el poder participar, junto a Ana Zendrera, Mª Rosa Solsona, Rayda Guzmán, Lidia Heller, Rita El Khayat y tantas otras colegas, en este valioso proyecto que es la colección Techo de Cristal. Lo hago con un ensayo largamente pensado y trabajado, El vientre cósmico; la mujer en la posmodernidad.
En estos tiempos de la posmodernidad están aconteciendo en todo el planeta hechos aparentemente inconexos entre sí, pero que seguramente han sido gestados por el mismo impulso cósmico: el desencadenamiento de una fuerza sutil pero poderosa, la de la energía femenina, que despierta de su letargo después de un sueño de 50 siglos.
En Estados Unidos, por primera vez una mujer, la demócrata Nancy Pelosi, preside la Cámara de Representantes. También en ese país, una mujer, Hillary Clinton, acaba de postularse como presidenta de la nación. En Alemania, los destinos de la nación están actualmente regidos por otra mujer, Angela Merckel. En Francia, la socialista Segolène Royal, también por primera vez en la historia, acaba de perder por escaso margen la presidencia de la República. En Chile, la primera presidenta mujer, Michele Bachelet, está intentando cambiar el curso de la historia sudamericana hablando de sensibilidad y de cuidado entre los seres humanos. España también ha estrenado una mujer como vicepresidenta, Mª Teresa Fernández de la Vega. En México el antiguo partido del PRI, bajo la llamativa consigna “renovarse o morir”, acaba de decidir algo insólito: el ser dirigido por una mujer, Beatriz Paredes.
Barcelona, hace pocos meses, ha sido, asimismo, escenario de un hecho poco común: se han bautizado con nombres de mujeres catalanas notables los interiores de varias islas del Ensanche: Laura Albéniz, pintora y dibujante modernista; Ermessenda de Carcassona, mujer del conde de Barcelona Ramon Borrell; Magdalena Giralt, esposa del General Moragues; Anaïs Napoleón, primera fotógrafa profesional de Cataluña; Enriqueta Sèculi, profesora del Institut de Cultura y de la Biblioteca Popular de la Dona y Mercé Vilaret, realizadora de televisión. El presidente del Consejo del Distrito del Ensanche, Jordi Portabella, dijo durante el plenario que aprobó la medida: “A lo largo de la historia los nombres de las mujeres han estado ocultos. Ahora nos toca contrarrestarlo”.
No sólo los nombres han estado ocultos. Durante los 5.000 años de glorificación de lo masculino y hasta el fin de la modernidad, también los valores femeninos se han visto desprestigiados.
La solidaridad, el cuidado de la vida, la intuición, la empatía, la aceptación del otro, la compasión, eran términos mujeriles, de seres tan débiles y pusilánimes como lo eran, según esos criterios, las mujeres y los hombres considerados “blandos”. Todo lo que provenía del universo femenino, hasta la naturaleza y la importancia de la vida misma, había entrado en una niebla de invisibilidad y menosprecio.
Sin embargo, la energía femenina, que constituye la mitad del motor espiritual humano, ha estado siempre presente, tanto en las mujeres como, en estado de latencia, también en el lado femenino de los hombres. Durante milenios ha permanecido allí, agazapada, adormilada pero viva en nuestra memoria genética. Negarla, reprimirla, subordinarla para siempre puede ser muy peligroso para la humanidad. Ese desequilibrio ético nos ha conducido ya al borde del abismo.
La modernidad, con sus valores patriarcales en los que hemos sido educados, se debilita cada día más. Entre otros avances científicos, la física moderna nos ha revelado algo que las mujeres han sabido desde siempre: que no estamos separados del cosmos ni que somos unidades completas en nosotros mismos, sino que todos los seres que componen el universo, piedras, plantas, animales y humanos, estamos hechos de los mismos elementos y estamos ligados de una manera delicada pero importante.
La mujer siempre ha sido la guardiana de la vida. Una vez más, y sobre todo en este momento crucial que vive la humanidad, debe ocupar el rol protagónico que le corresponde en la escena planetaria. Para que exista una verdadera democracia sobre la tierra, la voz de la mujer debe ser escuchada y sus valores jerarquizados. Y ella debe recobrar la seguridad en sí misma, la autonomía y la libertad que tuvo ya en los primeros momentos de la humanidad, durante los 30.000 años de la hegemonía de la Diosa. Para superar la baja autoestima y la dependencia emocional que la vuelven sumisa debe ‘recordar’ más que aprender, para así poder hablar con su propia voz y recuperar su verdadera identidad y su fuerza.
Los símbolos unidos del Yin y del Yang constituyen un bello recordatorio del perfecto balance que debe existir entre ambas energías, la femenina y la masculina, para que los dos sexos anden juntos por un camino positivo y creativo y para que el mundo se convierta en un lugar más justo, más humano, más amable, más próspero y más sostenible.
Muchas gracias.

Read Full Post »