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Posts Tagged ‘mujer’

Estamos viviendo un momento único, mágico, en la historia, sólo comparable a cuando los copistas del Medioevo se toparon con la invención de la imprenta.

Es la primera vez que la información, el conocimiento y la cultura están al alcance de cualquiera que esté conectado a Internet.

Las conclusiones de la física cuántica, difíciles de digerir, nos dicen que todos formamos parte de un mismo ser, que la materia no existe si no es observada, que los procesos físicos son sólo probables y ocurren en la medida en que son observados, que la suma de experiencias humanas engrosa una conciencia universal …

Inevitable recordar a Teilhard de Chardin, quien predijo que la humanidad avanzaba hacia el Punto Omega, «una colectividad armonizada de conciencias, que equivale a una especie de superconciencia. La Tierra cubriéndose no sólo de granos de pensamiento, contándose por miríadas, sino envolviéndose de una sola envoltura pensante hasta no formar precisamente más que un solo y amplio grano de pensamiento, a escala sideral”.

¿Hablaba de la Red?

Al mismo tiempo, estamos asistiendo al estrepitoso fracaso del neoliberalismo. Porque no se puede seguir produciendo sin freno en un planeta de recursos limitados, con una población envejecida, con puestos de trabajo inestables y mal pagados.

Sabemos que estamos viviendo el final de una época, pero todavía desconocemos todo sobre la que viene.

Paul Mason, editor económico del canal británico Channel 4, afirma que la edad de oro del capitalismo en el mundo desarrollado se acaba.

En su libro “Postcapitalismo” advierte que las actuales tecnologías de la información son incompatibles con el capitalismo, en el que ningún producto puede ser gratuito.

El cambio ya ha comenzado, a medida de que nuevos tipos de economía (como la colaborativa) van sustituyendo paulatinamente a los dictados del mercado.

Poco a poco se van tejiendo redes como las que facilitan comprar y vender artículos usados, ofrecer el coche para viajes compartidos e intercambiar las viviendas para vacaciones. Surgen las monedas paralelas y los bancos de tiempo.

En su libro “La sociedad de coste marginal cero”, el futurólogo Jeremy Rifkin profetizaba que el capitalismo sería sustituido por el “procomún colaborativo”, un modelo económico en el que el capital social será más importante que el financiero, en el que compartir será más importante que competir, en el que los mercados perderán importancia ante las redes que conectan a miles de millones de personas y cosas y en el que los consumidores se convertirán en fabricantes de energía y bienes, en “prosumidores”.

Una sociedad sostenible en la que todos dispondremos de energía libre y gratuita, gracias a las placas solares en cada tejado; en la que los residuos se reciclarán en su totalidad y  las materias primas se aprovecharán al máximo.

Por su parte, Zygmunt Bauman, autor de “En el mismo barco” y padre del concepto “modernidad líquida” (porque considera que vivimos en una sociedad en la que se licúan todos los valores sólidos de antes: religión, familia, pareja, trabajo para toda la vida) predice que, en el futuro, todo el trabajo será automatizado y que el mundo, como una gigantesca cooperativa, distribuirá los recursos para que todos sus habitantes seamos mantenidos con vida.

En lo que coincide con Paul Mason, quien asegura que “una renta básica para todos es imprescindible”.

Ya Karl Marx, en 1858, imaginó en su libro “El Fragmento en las Máquinas” un mundo en el que el trabajo de las máquinas sería producir y el de los hombres sería sólo el de supervisarlas.

Y profetizó que la información sería almacenada y compartida en un “intelecto general”, la mente de todos conectada por el conocimiento social, en el que cada mejora beneficia a todos.

¿La Red, otra vez?

La mujer, como agente de cambio, está llamada a ejercer un rol protagónico en esta transformación de paradigma. Desde siempre se ha sentido identificada con la acción fluida, horizontal, de cooperación, que es uno de los pilares del ecofeminismo  y que se contrapone a los estamentos del poder patriarcal, rígidos, jerárquicos y verticales.

Por lo que la sociedad que se está perfilando será, seguramente, más femenina, más colaborativa, ecológica, tecnológica y solidaria.

Del 19 al 22 de abril se reunirán en Málaga, España, más de 400 expertos y varias organizaciones representativas de las nuevas economías en el Foro Global de Nueva Economía e Innovación Social (NESI).

Su objetivo es co-crear una narrativa común hacia una Nueva Economía centrada en las personas y orientada hacia el bien común, para que sirva de hoja de ruta a los gobiernos y las empresas.

Como se afirma cada año con optimismo en el Foro Mundial Social , “otro mundo es posible”.

Estamos al principio del camino…

 

 

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Sufragistas marchando por Londres (1907)

Sufragistas marchando por Londres (1907)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las mujeres siempre hemos conectado profundamente con la naturaleza, sabedoras de que nuestra sangre se armoniza con las mareas, con los cambios de luna y de estación.

Durante la prehistoria aprendimos a recolectar los frutos y a guardar las semillas para volver a plantarlas, dando así comienzo a la agricultura. Pronto descubrimos las propiedades curativas de las hojas y las raíces y eso nos convirtió en las primeras médicas.

Parimos a los niños, cuidamos a los enfermos y amortajamos a los muertos. Siempre ocupadas en preservar y transmitir la vida, nutrimos y protegemos, hilamos la lana y la tejemos para dar calor a los nuestros.

Sin embargo, en casi todas las culturas actuales se nos considera ciudadanas de segunda categoría y se nos maltrata -y hasta asesina- para someternos.

Fue en 1792 cuando Mary Wollstonecraft, con su “Vindicación de los derechos de la mujer”, comenzó a defender el derecho al trabajo igualitario y a la educación de las mujeres, así como a su participación en la vida pública, iniciando con ello el movimiento feminista contemporáneo.

No fue hasta los albores del siglo XX en que las sufragistas, ridiculizadas por sus detractores y abriéndose paso a paraguazos para proseguir su marcha reivindicativa por las calles de Londres, consiguieron su objetivo.

Primero Nueva Zelanda y Australia en 1893, seguidas por Rusia en 1906, Noruega en 1913, Dinamarca en 1915, Alemania en 1918, Estados Unidos en 1920, Suecia en 1921, Gran Bretaña en 1928, España en 1931, Francia e Italia en 1945, aprobaron el derecho a voto de la mujer.

Pero no fue hasta 1981 que la Asamblea General de Naciones Unidas ratificó la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer”.

El año pasado, en octubre de 2016, las mujeres polacas, siguiendo el ejemplo de las islandesas en 1975, realizaron una huelga de un día, que tuvo mucha repercusión en todo el mundo.

Ese mismo mes, las mujeres argentinas bajo el lema “Ni Una Menos” organizaron un paro de una hora y movilizaciones masivas que repercutieron en América Latina y el Caribe.

Así surgió la convocatoria Paro Internacional de Mujeres (PIM), que convoca a una manifestación y paro para el próximo miércoles 8 de marzo, Día de la Mujer.

Agrupa a casi 30 países, incluyendo Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, la República Checa, Ecuador, Inglaterra, Francia, Alemania, Guatemala, Honduras, Islandia, Irlanda del Norte, la República de Irlanda, Israel, Italia, México, Nicaragua, Perú, Polonia, Rusia, Salvador, Escocia, Corea del Sur, Suecia, Togo, Turquía, Uruguay y Estados Unidos, además de muchos otros que están en contacto para unirse en un futuro próximo.

Bajo el lema “Solidaridad es nuestra arma” su proclama comienza diciendo: “Nosotras, las mujeres del mundo, estamos hartas de la violencia física, económica, verbal o moral dirigida contra nosotras. Y no la vamos a tolerar pasivamente. Somos solidarias y estamos unidas, en todo el mundo, para defender nuestros derechos humanos”.

Hace exactamente 2.428 años, en el 411 a C,  Aristófanes estrenaba su comedia “Lisístrata” en el Teatro Lenaico de Atenas, durante las fiestas dionisíacas, un antiguo recuerdo de las épocas matriarcales que habían durado más de 30.000 años, desde el Neolítico hasta el período micénico, en las que las mujeres habíamos regido los destinos del mundo.

En “Lisístrata” las mujeres de toda la Hélade, cansadas de la guerra y convocadas por Lisístrata, se rebelan contra los hombres y deciden no volver a tener relaciones sexuales con sus maridos hasta que éstos no hagan la paz.

Hoy la lucha es diferente, hoy defendemos nuestras propias vidas. Y nos rebelamos contra el  terrorismo doméstico que nos mata, los valores patriarcales que nos humillan, los sueldos inferiores que nos discriminan y la pornografía que denigra nuestra dignidad.

Las feministas de la segunda oleada, que llevamos más de 40 años bregando por la plena igualdad y que hemos contemplado cómo esta reivindicación avanzaba paso a paso, hemos tenido que esperar hasta el siglo XXI  para ver la presente marea planetaria, masiva, arrolladora, de la mitad femenina de la humanidad que clama por sus derechos.

“Las mujeres sostienen la mitad del cielo, porque con la otra mano sostienen la mitad del mundo”, dijo Mao Zedong.

Le faltó agregar que, unidas, somos imparables…

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vandana1

Cuando los ingleses colonizaron la India descubrieron el maravilloso tesoro forestal de sus interminables bosques.

Y entonces comenzó la tala indiscriminada de árboles para la insaciable industria maderera, regenteada después por los propios indios.

Hasta que, en la década de 1970, comenzaron a verse las desastrosas consecuencias de la deforestación: los arroyos desaparecían, se producían grandes inundaciones con desprendimientos de tierras, las sequías se agravaban y había una mayor escasez de combustible y de alimento para el ganado.

Las campesinas indias, humildes y analfabetas, sabían bien que los bosques eran los que les proveía de todo lo necesario para el sustento: el agua, la comida, el combustible, el forraje y las medicinas.

Por lo que decidieron abrazarse a los árboles para evitar que los cortaran…

Y se enfrentaron con las manos desnudas a los poderosos intereses económicos de la, hasta entonces, principal industria de la India. También chocaron con sus maridos, que se quedaban sin sus principales ingresos.

Los funcionarios forestales las intimidaron y presionaron para que abandonaran su protesta. Les dijeron que eran unas tontas ignorantes,  pero ellas respondieron cantando juntas:

¿Qué dan los bosques?

Dan agua, tierra y aire puro.

Sustentan la Tierra y todo lo que ella da…”

Así nació el movimiento Chipko, que significa “abrazo”.

En 1978, unas devastadoras inundaciones demostraron que las mujeres Chipko habían tenido razón. Y en 1981 el gobierno prohibió la tala de árboles. Poco después, el movimiento Chipko, ya organizado, inició una campaña masiva de plantación.

Observando atentamente lo que pasaba, una joven universitaria que estudiaba física nuclear decidió unirse a las Chipko y se convirtió en una de sus principales activistas. Era Vandana Shiva.

Más tarde, Vandana compaginó su brillante carrera con la tarea de luchar por sus ideales. Física, filósofa y escritora, pionera del ecofeminismo, directora y fundadora de la Fundación para la Investigación de la Ciencia, la Tecnología y el Medio Ambiente, galardonada con el premio Nobel Alternativo en 1993, Vandana Shiva recorre el mundo dando conferencias a favor de la paz  y del cuidado de la vida.

El ecofeminismo, del que es abanderada, representa la convergencia entre la ecología y el feminismo, una síntesis tan antigua como la vida misma. Desde siempre las mujeres han estado a cargo de las tareas del cuidado y del mantenimiento de la vida.

Por eso Vandana Shiva se aleja del concepto feminista tradicional que pretende el “empoderamiento” de las mujeres. El control del poder es un concepto patriarcal, asegura, que se basa en la dominación de la naturaleza y de los seres débiles: mujeres, niños y animales.

Puntualiza: “La globalización es el clímax final del capitalismo que se va extendiendo, que alcanza sus límites. El capitalismo es racista y patriarcal, tiene miedo a todo lo que está vivo y es libre en sus propios términos: una abeja, una mariposa, un niño, una mujer, un hombre. La libertad le resulta amenazante y quiere aprisionarla.  Somete a las mujeres, acobarda a los niños, fumiga los insectos.  Si no lo frenamos, el patriarcado destruirá el planeta”.

Basado en la llamada “Nueva Ciencia” (la microbiología, la física cuántica, la cibernética, la teoría de sistemas y la teoría del caos) el ecofeminismo proporciona una visión más holística del cosmos, más próxima a la cosmovisión indígena, que concebía a la tierra y al universo como un tejido interconectado.

La Gaia griega, la Pachamama americana, la Diosa Madre de los minoicos , que está viva, nos contiene y nos sustenta…

Según el ecofeminismo el patriarcado y su sistema de jerarquías someten, explotan y aniquilan de la misma manera a la tierra y a la mujer. Por lo que propone una alternativa: la biocivilización, que reconoce los derechos de todas las especies y los derechos de la naturaleza.

“La tierra está viva , es sagrada y es la conexión entre todos los seres vivos”.

Vandana Shiva ha percibido que las mujeres campesinas están profundamente ligadas a los ritmos y ciclos de la naturaleza, que comprenden y respetan. Por lo que poseen conocimientos y habilidades muy valiosos para la construcción de la paz.

“Las mujeres producen, reproducen, consumen y conservan la biodiversidad, son las guardianas de las semillas desde tiempos inmemoriales. Generación tras generación, durante miles de años, las mujeres han sido las parteras de la agricultura. ¡Y ahora nos piratean las semillas! Grandes corporaciones como Monsanto las modifican y las patentan…”

Sonríe y agrega:

“Pero somos valientes. Cada vez que flaqueo, pienso en aquellas que abrazaban los árboles y me vuelve la fuerza. ¿De dónde viene esa fuerza? De la hierba que piso, de la Tierra misma. El poder de la naturaleza está en nosotras”.

 

 

 

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Ruth Buendía Mestoquiari

Ruth Buendía Mestoquiari

El pueblo Asháninka ocupa gran parte del territorio amazónico entre Perú y Brasil desde mucho antes del surgimiento del imperio inca.
Orgulloso de su cultura y motivado por un profundo sentido de libertad luchó a través de los siglos, primero contra la colonización española y después contra la peruana, ya que ambas pretendían desforestar sus selvas para vender la madera.
En 2008 consiguiò que el gobierno de Perú reconociera la lengua Asháninka como oficial y de enseñanza obligatoria en las escuelas de la provincia de Ayacucho.
Sin embargo, Perú y Brasil firmaron en 2010 (y sin el consentimiento de los pobladores originales) un acuerdo bilateral para instalar dos centrales hidroeléctricas y una exploración petrolera en la Amazonia, lo que significaba inundar más de 9 mil hectáreas y desplazar de sus territorios a unos 24.000 indígenas Asháninkas.
Un año más tarde, tanto los planes de construcción de las hidroeléctricas como el de la exploración estaban detenidos, gracias a la decidida oposición del pueblo autóctono liderado por Ruth Buendía Mestoquiari, quien por su brillante acción recibió en abril del 2014 el Premio Goldman.
Éste máximo galardón medioambiental premia cada año con 175.000 dólares a aquellas personas que luchan en condiciones totalmente adversas para preservar el equilibrio de los ecosistemas.
Ese mismo año Ruth también recibió el XXIII Premio Bartolomé de las Casas, una distinción internacional otorgada por la Casa de América como reconocimiento a su trabajo por los pueblos nativos.
Dotado con 50.000 euros, este premio iberoamericano lleva el nombre del fraile dominico y cronista español que durante el siglo XVI defendió con ardor y humanidad los derechos de los indios.
Una frágil mujer había logrado esa gran hazaña: contener las mayores amenazas que pesaban sobre el territorio de la Reserva Comunal Asháninka, un área de 184.000 hectáreas supuestamente protegida por el Estado, ese mismo Estado que había autorizado las concesiones.
Su mensaje, expresado cuando recibió los premios, ha calado hondo en las conciencias de quienes la escuchaban: “La selva es la casa común de todo, es un territorio íntegro. Cuando se juega con la vida de los pueblos autóctonos, se juega con la vida de toda la biodiversidad…”
Ruth, de tan sólo 36 años, se convirtió entonces en uno de los seis héroes del medio ambiente a nivel global. Toda la prensa internacional se interesó por ella.
Esta bella mujer indígena, que suele acudir a las entrevistas televisivas vestida con la túnica de su tribu y maquillada con achiote, contó su historia, un largo camino de coraje y tenacidad, así como de dignidad y amor a la justicia.
Desde los 12 años vivió todo el horror desatado por Sendero Luminoso.
En los años 90 estos terroristas se adueñaron de la región amazónica y Ruth vio como los suyos sufrieron esclavitud, violencia sexual y desplazamiento forzado.
Los Asháninkas murieron a miles, entre ellos y asesinado por la espalda, el propio padre de Ruth, a quienes los suyos confundieron con un terrorista.
La ahora presidenta de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) y estudiante de Derecho recuerda así aquellos tiempos: “Lo más duro que he visto en mi vida ha sido la muerte de niños inocentes para doblegar a sus padres. Uno fue sumergido en agua hirviendo hasta que murió…”
La madre de Ruth consiguió huir con sus hijos y colocó a la niña como sirvienta en casa de una familia. Desde entonces Ruth se dedicó a estudiar en sus ratos libres.
Y, ya casada y madre de cinco hijos, fue elegida democráticamente como dirigente de su pueblo por una asamblea de hombres y mujeres.
“Algunos hombres pensaban que las mujeres somos incompetentes para estas cosas. Afortunadamente, tengo corazón de guerrera y se los he demostrado.”
Ruth puntualiza que los Asháninkas no se oponen a las inversiones: “No nos opondremos, siempre que se respeten el territorio, la cultura y las decisiones propias de las comunidades nativas. Siempre que haya consulta previa, información y atención del Estado en lo que respecta a la calidad en la educación, la salud y la justicia”, aseguró en una entrevista concedida a The Associated Press.
Preocupada por erradicar la tuberculosis y el analfabetismo de su gente, Ruth se esfuerza en estos momentos por conseguir que el gobierno peruano se implique más en el control de los territorios amazónicos, hasta ahora tierra libre para los narcotraficantes, forajidos y terroristas.
“Los militares dicen que la policía es la que debe ocuparse de los narcotraficantes. Pero la policía nunca llega…”
Sin embargo, mira con optimismo al futuro…
La asociación Kemito Ene, formada por labriegos Asháninkas productores de cacao, podría convertirse en el futuro (con apoyo de la CARE) en la primera cooperativa formada por miembros de esa etnia.
Las huellas milenarias de la cultura Asháninka hablan del hondo amor a la naturaleza que la anima desde los tiempos más remotos.
Como los petroglifos de origen amazónico que se encuentran cerca del río Tambo, uno de ellos el Totem del Tambo, un gran petroglifo con cara de mono.
Y también las palabras del relato con que describe su cosmovisión:
Nosotros creemos que el dios Sol vivo estaba siempre arriba, antes de que fuera este mundo. Como tiene poder, desprendió una partícula de su corona que se asentó en las densas tinieblas y poco a poco formó este mundo. De ahí crecieron las plantas y todas las cosas que hemos visto. De ahí salimos nosotros, los Asháninkas…

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Cementerio de bebés no deseados en Pakistán


Desde esta primavera revolucionaria, nos consta que algo está cambiando en el mundo árabe.
Por lo pronto, los ciudadanos han aprendido a echarse a la calle para exigir tanto respeto como libertad.
Eso sí, para ellos, no para sus mujeres.
Durante esas frenéticas jornadas en Túnez, Egipto, Yemen y Libia -y ante nuestro júbilo y asombro- las mujeres (muchas de ellas con velo y hasta con burka) participaron masivamente.
Lo hicieron, según ellas, motivadas por una doble esperanza: alcanzar la democracia y la igualdad de derechos con los hombres.
Si bien en algunos países, como en Libia, sólo las dejan manifestarse en una zona acotada, las egipcias se comportaron de manera absolutamente libre durante las dos semanas del alzamiento y rompieron tabúes tan acendrados como los de poder dormir noches enteras en la plaza junto a cientos de hombres que también descansaban allí a la intemperie.
Afirman haberse sentido gratamente sorprendidas por el desacostumbrado respeto con que las trataban los hombres que allí participaban, así como por la extraña sensación de igualdad que habían experimentado.
Extraña y efímera.
La misma noche en que Hosni Mubarak capituló, el 11 de febrero, fue bárbaramente agredida y violada en El Cairo la reportera Lara Logan, corresponsal de CBS News en Egipto.
La bella periodista de 39 años (casada y madre de dos hijos pequeños) fue separada de su grupo y rodeada por una multitud de hombres vociferantes que, después de propinarle una tremenda paliza, la violaron brutal y repetidamente en plena Plaza Tahrir, al parecer por ser rubia y liberada, todo un deleznable símbolo del odiado Occidente..
Un mes más tarde, el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, las egipcias organizaron la ‘Marcha del Millón de Mujeres’, también en la ya celebérrima plaza Tahrir, para pedir pacíficamente que se les siguiera considerando una parte activa de la sociedad.
Pero se encontraron con una terrible realidad: fueron vapuleadas y abucheadas con frases tales como: “fuera, a cuidar a tus hijos”, “a casa, donde deberías estar” y “la mujer sólo sirve para parir” …
Parece que tampoco los nuevos órganos de poder, tanto en Túnez como en Egipto, contemplan contar con presencia femenina.
Esta misma semana el grupo político Hermanos Musulmanes, que se rigen por la Sharia (ley musulmana), ha solicitado que se vete la posibilidad de que mujeres y cristianos puedan alcanzar la presidencia del país.
Y el próximo sábado los egipcios decidirán con su voto si aceptan las enmiendas constitucionales propuestas por un comité de sabios en el que no se encuentra, por cierto, una sola mujer.
Lo mismo está sucediendo en los territorios conquistados por los rebeldes libios.
Ésto me recuerda a esa revolucionaria rusa que se quejaba de ser considerada igual a sus compañeros a la hora de atentar colocando dinamita bajo un tren, pero que después debía servirles el café y lavarles la ropa.
Es que para algunos hombres el ancestral desprecio a la mujer es más fuerte que cualquier ideal.
No hay lugar en el mundo donde se valore menos a las mujeres que en los países árabes, menos incluso que en el África subsahariana.
Las encierran en casa, las cubren con velos y burkas, les practican la mutilación genital, las obligan a casarse con desconocidos, les prohiben estudiar (el 40 % son analfabetas) y las acosan sexualmente (a un 83 % de ellas).
Esa opresión se convierte en tragedia cuando vemos cómo aumentan en Pakistán, por ejemplo, las muertes de bebés no deseados fruto de ‘relaciones ilícitas’. Tan sólo el año pasado hubo 1.210 infanticidios en todo el país, en su mayoría niñas.
En este país musulmán ultra conservador es pecado tener hijos fuera del matrimonio y el adulterio se castiga con la muerte según la estricta interpretación de la ley islámica.
El problema es que cada vez hay más gente joven que vive en pareja y tiene hijos sin casarse (o porque se lo prohíben), a los que sus tradicionales padres les arrebatan los bebés para cumplir con la inexorable ley.
Se cuenta inclusive una escalofriante historia de fanatismo religioso.
Hace unos años, una mujer abandonó a su recién nacido en los escalones de una mezquita por ser ilegítimo.
Cuando los hombres salieron del templo luego de las plegarias matutinas y hallaron al bebé, informaron al clérigo, quien proclamó que era un bebé ilícito que debía ser lapidado.
Y así lo hicieron…
La mujer árabe todavía debe recorrer un largo camino para lograr el control sobre su propio cuerpo, su propio vientre y su propia vida.
Para ayudarla a alcanzarlo y en nombre de los derechos humanos, las sociedades occidentales deberían priorizar, antes que el acceso al petróleo, la defensa de la vida.

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Desde siempre, y sobre todo cuando son madres, a las mujeres les ha gustado tejer.
Sentir el hilo que pasa por los dedos poco a poco y que se va anudando con paciencia hasta convertirse en una tela que abrigará a los hijos y nietos suele ser una experiencia íntima, recogida, cálida y reconfortante.
Tejían las tres Parcas (Nona, Décima y Morta) decidiendo el destino de los humanos, tejía Penélope aguardando el regreso de Ulises, tejen todavía las mujeres de culturas primitivas para ganarse el sustento, como también lo hacen las humildes arañas para atrapar a sus presas.
Desde la más remota antigúedad, al tejer se le ha atribuído un carácter simbólico y sagrado.
Los sufis se llaman a sí mismos ‘tejedores de lana’, porque usan el simbolismo de la fabricación de alfombras como metáfora de la confección del alma por Dios.
El revolucionario arquitecto norteamericano Christopher Alexander afirma que su creatividad se basa en el estudio de las alfombras turcas.
Sus dibujos, realizados por sufis, no están diseñados y tampoco siguen un pensamiento previo, sino que van surgiendo según se tejen. Una parte del dibujo lleva a la siguiente sin que el artista esté siguiendo un plano.
Los sufis se esfuerzan en tejer las alfombras ‘a la manera de Dios’, es decir, dejándose llevar por una corriente espiritual más que racional. Según ellos, así construyó, o mejor dicho, así va construyendo Dios el mundo.
Si la obra queda demasiado perfecta, hacen a propósito un punto equivocado, una pequeña falla (llamada ‘el punto persa’) como muestra de respeto, con el fin de reservarle la perfección sólo a Dios.
Mahatma Gandhi tejía su propia ropa, en señal de humildad y también para detener ese ruido mental que impide que el yo más profundo se manifieste, lo que también se logra mediante la oración, la meditación, el yoga y la danza mágica, técnicas diferentes para un mismo sendero místico.
En la marginada barriada de Palo Solo, Huixquilucan, a dos horas de la Ciudad de México, un grupo de mujeres se reúnen cada día para tejer en el taller de la cooperativa Mitz, que significa ‘Para ti’ en la lengua indígena náhuatl.
Son dos decenas de mujeres que se afanan en cortar y doblar tiras de papel laminado para luego trenzarlas con una técnica para tejer hojas de palma del pueblo nahua, descendiente de los aztecas.
De sus manos salen bolsos, monederos, agendas, portarretratos o esferas navideñas, unos 3.000 accesorios al mes que se comercializan luego en Alemania, Bélgica, España, Estados Unidos, Gran Bretaña e Italia a precios que van de los 15 a 140 dólares.
Estos ingresos permiten la autosuficiencia económica de las 50 cooperativistas y de sus familias.
La mitad de las ganancias se dividen entre todas las artesanas sin distinción. El resto del dinero se divide entre un 20 por ciento que se entrega a la escuela, otro 20 por ciento destinado a sufragar costos de manufactura y un 10 por ciento restante para gastos operativos.
Los productos Mitz también financian la Casa de los Niños de Palo Solo. Se trata de la única escuela de México para la población pobre que sigue el método de enseñanza Montessori. Fue construida hace más de 20 años sobre lo que antes fue un vertedero.
Desde el nacimiento de la Fundación Mitz hace siete años bajo el lema ‘Tejiendo el porvenir’, 2.500 niños y niñas de la comunidad han sido becados gracias al reciclaje de más 40 toneladas de residuos industriales.
Mitz ya no sólo ha logrado que firmas transnacionales como Mars, Pepsico, Terracycle y Starbucks les donen sus residuos, sino que su alianza con Mars ha sido decisiva para vender los productos en las tiendas M&M en las ciudades de Nueva York, Orlando y Las Vegas, en Estados Unidos.
Hasta ahora, según datos de la Fundación que conjuga comercio justo, autosuficiencia, energía renovable, solidaridad y educación, se han vendido más de 150 mil productos, que han generado más de un millón de dólares de ingresos. Esto indica un crecimiento de la producción de 50 por ciento en los últimos cuatro años.
Mitz se erige en el mejor y más perfecto ejemplo de lo que puede lograr la creatividad y la energía femeninas cuando se unen para trabajar como suelen hacerlo las mujeres: silenciosamente, aplicadamente, pacientemente, limpiamente, para construír un mundo mejor.

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Desde la más remota antigüedad el hombre ha sentido una especie de horror innato, una repugnancia instintiva, en matar a una mujer.
Seguramente por el respeto y temor masculinos ante el vientre que da la vida: matar a una mujer era asesinar la vida.
“Las mujeres y niños, primero”, se gritaba durante los naufragios cuando se llegaba a los botes salvavidas.
En las guerras, se ajusticiaba a los hombres, pero se perdonaba siempre a las mujeres y a los niños, convirtiéndolos en esclavos.
En nuestra época iconoclasta y desacralizada no sólo se practica legalmente el aborto, pisoteando el derecho a la vida del ser en gestación, sino también que se ejecuta sin contemplaciones a las mujeres, dueñas del vientre sagrado.
Ese homicidio del Estado que es la pena de muerte ha sido perpretado, hace pocos días, en EE. UU: Teresa Lewis (41 años, dos hijos y un nieto) se convirtió así en la primera mujer condenada a muerte en el Estado de Virginia desde 1912.
Al parecer, y manipulada por su amante (condenado a cadena perpetua, así como los autores materiales del delito), Teresa había ordenado el crimen de su marido e hijastro, para cobrar el seguro.
No bastó para detener la ejecución el hecho de que Teresa Lewis sufriera un trastorno de la personalidad que la hacía dependiente, ni que tuviera un coeficiente de inteligencia de 72, (tan sólo dos puntos por encima del coeficiente 70 considerado el umbral del retraso mental), ni de que hubiera pasado siete terribles años de espera en el ‘Corredor de la Muerte’.
Tras consumir su última cena a la carta consistente en pechuga de pollo, guisantes con mantequilla y pastel de chocolate, Teresa recibió por vía endovenosa, a las 9 de la mañana, un cóctel mortal de barbitúricos que le paró el corazón.
En su comparecencia en la cumbre de los Objetivos del Milenio en la sede de la ONU en Nueva York, el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, aludió a esta ejecución para comparar a Teresa Lewis con Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer iraní condenada a ser lapidada por igual delito, acusando a EE. UU. de lanzar una ‘fuerte propaganda’ en nombre del humanismo para salvarla.
De 43 años y también madre de dos hijos, Sakineh ‘confesó’ hace dos meses haber planeado el asesinato de su marido, aunque su abogado (ahora exiliado en Noruega) y muchos otros creen que esta confesión ha sido forzada, como en tantos otros casos.
Condenada inicialmente a 99 latigazos por adulterio (que ya ha recibido), Sakineh volvió a ser juzgada y condenada, esta vez, a la muerte por lapidación, aunque la ingente labor de organizaciones de defensa de los derechos humanos ha logrado que esta terrible sentencia se cambie por la de ahorcamiento.
Sakineh sólo ha dicho: “Me matarán por ser mujer, en un país que cree que puede hacer lo que quiere con las mujeres”, sabedora de que su peor delito ha sido el tener dos relaciones extramatrimoniales en un país que lapida a los adúlteros.
Ambos casos no han tardado en ser utilizados para fines políticos.
La crítica antinorteamericana dice que los dos son similares y que se carga las tintas en el caso iraní para demonizar al Islam y preparar a la opinión pública para una próxima invasión norteamericana a Irán.
Otros, en cambio, ven al Islam como al gran enemigo de los valores de Occidente y de los derechos de la mujer.
Lo cierto es que los países del mundo que más aplican la pena capital son tanto Estados Unidos (con 3.260 condenados esperando en el ‘Corredor de la Muerte’, entre ellos 52 mujeres) como Irán (que ostenta uno de los índices de ejecución más altos del mundo, con 388 ejecutados en 2009) junto a China y Arabia Saudí.
En la psique colectiva, sin embargo, predomina la sensata y apabullante certeza de que el mandato bíblico “ojo por ojo y diente por diente” no es propio de seres humanos evolucionados.
Nunca un crimen justificará otro crimen, ni un asesinato se redimirá jamás a través de otro asesinato.

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