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Archive for 26 noviembre 2009


Aunque la violencia contra la mujer esté condenada unánimemente en casi todo el mundo siempre existen escépticos que acotan: “¿Y por qué ella aguanta? A lo mejor le gusta que le peguen…”
Tampoco faltan los discretos que apostillan: “En temas de pareja prefiero no meterme…” ¡Como si las palizas cotidianas, las violaciones y las humillaciones fueran algún tipo de sofisticado jueguecillo sexual, un secreto de alcoba que no les concierne!…
Para intentar entender el tenebroso estado mental de las víctimas de la violencia en el hogar se puede establecer un paralelismo con lo que ocurrió con los esclavos negros de las plantaciones sureñas de EE UU al terminar la Guerra de Secesión en 1865: cuando fueron liberados por las fuerzas del Norte la mayoría de ellos prefirió permanecer con sus amos. Allí se sentían seguros, aunque los maltrataran. La libertad les daba miedo…
Erich Frömm describió muy bien este fenómeno en su libro El Miedo a la Libertad, de necesaria lectura. En él describía ese fenómeno psíquico de masas que a veces se produce y que las hace seguir ciegamente a un líder, por loco que éste sea, antes de tomar decisiones por cuenta propia.
La libertad es elección, y ésta entraña riesgo.
Uno es libre de elegir, pero después debe cargar con las consecuencias.
El llamado ‘Síndrome de Estocolmo’, que hace que la víctima sienta por su carcelero un apego que confunde con el amor, es otro ejemplo muy valedero.
¿Qué siente una mujer maltratada?
Fundamentalmente, miedo, un miedo paralizante.
Miedo a su agresor y a los golpes que le esperan si se rebela. Miedo a perder sus hijos. Miedo a no saber sobrevivir económicamente si está sola. Miedo al escándalo. Miedo al ‘qué dirán’, con su lógica consecuencia de desaprobación y desprestigio social.
Y también siente vergüenza, mucha vergüenza.
Vergüenza de sí misma, por creerse culpable de provocar el maltrato. Vergüenza de su situación humillante. Vergüenza ajena por tener a un energúmeno como marido. Vergüenza anticipada por darle un disgusto a su familia, cuando se entere.
La mujer maltratada está encerrada en la peor cárcel, está cubierta por el burka más tupido de todos, el de su propio miedo.
Su verdugo no sólo ha magullado su cuerpo sino que ha enfermado su alma y envenenado su mente.
Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, ha declarado: “La violencia de género es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. Mientras continúe, no podemos afirmar que estemos logrando progresos reales hacia la igualdad, el desarrollo y la paz”.
Desde 1999, el 25 de noviembre de cada año la ONU conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Porque también un 25 de noviembre de 1960 fueron brutalmente asesinadas las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas que luchaban contra la tiranía del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana.
Unos días después de su desaparición los cuerpos de las ‘mariposas inolvidables’ aparecieron destrozados en el fondo de un barranco…
A sus asesinos, como a cualquier cobarde agresor que aproveche de su mayor fuerza física para someter a una víctima, podrían decírsele las palabras que Miguel de Unamuno dedicó a las fuerzas falangistas que lo tenían sitiado en su despacho de director de la Universidad de Salamanca: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis, porque tenéis la fuerza bruta; pero no convenceréis, porque no tenéis la razón”.

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