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Archive for 26 noviembre 2008

mujer-triste
El pasado jueves 25 de noviembre se celebró en todo el mundo el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
A pesar de estos esfuerzos, siguen creciendo las cifras de feminicidios en Occidente de una forma aterradora.
En España ya han muerto, en lo que va de este año, 57 mujeres a manos de sus parejas.
En Argentina la violencia machista ha asesinado en 2008 a 240 mujeres.
En Mexico, cuatro de cada diez mujeres víctimas de homicidio fueron muertas en sus propias casas.
En Guatemala, en los últimos diez meses se han producido 626 asesinatos de mujeres.
En Uruguay, las denuncias por maltrato doméstico han aumentado en estos dos últimos años un 50 %.
Desde que se reconociera por primera vez la gravedad de la violencia contra las mujeres, en la Iª Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en México en 1975, se han ido proponiendo medidas para que los diferentes Estados impulsen políticas preventivas e integrales contra este flagelo, uno de los principales obstáculos que impiden la plena libertad de las mujeres en el planeta.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo hace poco: “Es probable que al menos una de cada tres mujeres sea golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o sufra otro tipo de malos tratos a lo largo de su vida”.
El Ministerio de Igualdad español calcula que alrededor de 400.000 mujeres son maltratadas en nuestro país, aunque pocas lo denuncian.
También constata que aumentan los casos entre los inmigrantes extranjeros ya que, en casi la mitad del total de los casos, tanto el agresor como la víctima son rumanos, chinos, colombianos, marroquíes, ecuatorianos, nigerianos ó rusos.
¿Cuál es la causa?
Suele suceder que la mujer llega a España totalmente sumisa a los valores patriarcales de su país y que, cuando se enfrenta a una cultura que les otorga libertad a las mujeres, pretende ella también ejercer esa libertad.
Él hombre casi siempre quiere ‘ponerla en su sitio’ a base de palizas y, finalmente, un día ‘se le va la mano’ y la mata.
Los asesinatos en parejas españolas suelen darse, en cambio, cuando están en proceso de separación.
El marido no puede resignarse a que su mujer lo abandone y, como la considera no una persona sino un objeto de su propiedad, con frases como ‘la maté porque era mía’ y ‘antes muerta que de otro’, decide liquidarla.
El español tampoco tolera lo que considera un despojo de sus bienes, que la vivienda familiar se le otorgue a la mujer para que conviva con sus hijos y que sea él quien deba desocuparla y, además, pasarles una pensión.
Sin embargo, y ésto es lo más espeluznante, España está a la cola de las regiones europeas en lo que respecta al asesinato de mujeres, ya que la siniestra estadística está encabezada por países nórdicos como Finlandia y Suecia.
Allí los hombres son menos sexistas pero existe un excesivo consumo de sustancias tóxicas que desencadena la agresividad masculina.
¿Qué hacer para detener este genocidio?
En los países subdesarrollados la medida más elemental consiste en educar a la mujer.
Está comprobado que las mujeres que han tenido acceso a la educación se casan más tarde, tienen menos hijos y viven con una calidad de vida muy superior a las que no han sido escolarizadas.
Y también hay que reeducar a gran parte de los hombres, que todavía no quieren renunciar a los privilegios que el patriarcado les enseñó que tenían por el sólo hecho de haber nacido varones.
Aunque hombres como Jesús Neira, quien se ha debatido entre la vida y la muerte durante dos meses por defender este verano a una mujer maltratada, demuestran que existen otros muchos que ya no piensan así.

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chica-voraz11
Desde distintas partes del mundo llegan alarmantes noticias sobre el aumento de la violencia escolar.
Acoso, amenazas, palizas, vejaciones y hasta abusos sexuales que no sólo se dan entre los alumnos sino que también son sufridos por maestros y profesores.
Por ejemplo, en la vecina Francia hace poco tiempo una profesora de instituto recibió siete puñaladas de un alumno en plena clase.
En este país, según datos del Observatorio Nacional de la Delincuencia, en los últimos 5 años el número de agresiones se ha incrementado en un 30 % y una media de 60 profesores de instituto y de ESO son objeto de agresiones verbales o físicas cada día.
Ya en España, nos encontramos con que el colectivo de profesores de colegios e institutos ha declarado que se siente indefenso ante la agresividad y la violencia, tanto de los alumnos como de sus padres.
Alertan sobre el incremento de las agresiones de jovencitos cuyos padres jamás cuestionan el comportamiento de sus hijos, así como el creciente uso de los menores de teléfonos y vídeos para grabar acciones violentas y vejaciones, que luego cuelgan impunemente en Internet.
Reclaman al Defensor del Profesor no sólo la modificación de la Ley del Menor sino también que estas agresiones se cataloguen como atentados a la autoridad.
El Defensor del Profesor, una instancia creada hace pocos años por el Sindicato Independiente Anpe, dibuja un panorama preocupante para los profesionales de la docencia española.
Esta entidad declara que recibe casi 3.500 llamadas anuales de profesores que se sienten abandonados e indefensos.
Tanto, que un 7% de los que recurren al Defensor se dice dispuesto a tirar la toalla y dejar la profesión. Un 46% padece cuadros de ansiedad, un 22% sufre depresión y un 13% está de baja laboral.
Un reciente estudio realizado en Argentina sobre el mismo fenómeno intenta explicar sus causas.
“Existe un mercado que ofrece de todo pero al que no se puede acceder”, señala la doctora Schmitman, médica y psicoanalista, “la sociedad ofrece un mayor consumo pero el joven no tiene medios, ni perspectiva de tenerlos”.
Aunque aclara que el meollo del problema radica en la caída de la autoridad de la figura paternal. El descrédito del padre aumenta en la medida en que no puede asegurar el futuro de los hijos.
“Sin embargo”, afirma Schmitman, “el padre tiene el deber de marcar ideales firmes. Así, el hijo podrá seguirlos u oponerse a ellos, pero de todos modos tendrá un camino a seguir”.
Cuando no existe autoridad en la casa, el joven busca estos referentes en otra parte y estos modelos a seguir no siempre son los mejores.
Hasta aquí los datos que ofrece la prensa de las últimas semanas.
Por mi parte, considero que es una explicación algo simplista la de achacarle las culpas a una educación tremendamente permisiva y defectuosa (que sin dudas lo es), y que consiste en darles a los hijos todos los caprichos y, como dicen algunos padres, ‘todo lo que yo no tuve’.
Cuando se les da todo a los hijos se los priva, no sólo del dulce sabor de lo conseguido gracias al propio esfuerzo, sino también de la preparación para la lucha en este mundo difícil.
El resultado es que, a la manera de profesores Frankestein, estos padres sobreprotectores han creado unos ‘monstruitos’ que les amargan la vida, no sólo a los progenitores sino también a todo el que tenga que lidiar con ellos.
Pero, dado que los jóvenes son producto de la educación que han recibido, cabe preguntarse si su conducta no es también un claro síntoma de una sociedad muy enferma, con unos valores evidentemente en crisis, que es la sociedad occidental.
Porque, que yo sepa, no hay adolescentes rebeldes ni violentos en el tercer mundo, donde trabajan duramente desde muy pequeños junto a sus padres para asegurarse el precario sustento de cada día.
Recuerdo cuando el famoso pediatra norteamericano Benjamin Spock, el padre de la permisividad, el que durante los años 60 preconizaba que no había que ponerles límites a los hijos para no coartar su potencial de desarrollo, tuvo que desdecirse y pedir disculpas 20 años después, ante la terrible evidencia de las sucesivas generaciones de hijos tiránicos, exigentes, groseros y egoístas que habían surgido a partir de su libro…
Hace un siglo los hijos les debían obediencia absoluta a los padres, tenían que besarles la mano y tratarles de ‘usted’.
Ahora se ha llegado al otro extremo del péndulo.
Habrá que buscar, con sentido común, firmeza y cariño, el punto medio que facilite la convivencia y les garantice a los adolescentes una vida equilibrada en el futuro.

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Un primer plano de Barack Obama

Barack Obama


Estamos presenciando, desde el pasado 4 de noviembre, cuando Barack Obama ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos, lo que seguramente será una nueva era en la historia del mundo y también el comienzo de un flamante orden internacional.
La victoria del que será el primer presidente negro de ese país produjo una verdadera explosión de alegría y levantó una inmensa expectativa, no sólo en la comunidad afroamericana estadounidense sino también en todo el mundo.
Los analistas atribuyen al pésimo gobierno de Bush el hecho de que el electorado, en un verdadero clima de catarsis y sed de cambio, eligiera al hombre que parecía más diferente a él, Obama.
De un tosco tejano, blanco y anglosajón, de clase alta, con ideas ultraconservadoras, a un culto intelectual mulato, egresado de Harvard con los más altos honores y ubicado claramente en el progresismo.
Uno de sus principales desafíos constituirá, sin dudas, el abandono del unilateralismo de Bush hijo (que lo hizo atacar sin consultar a nadie Afganistán e Irak) para reemplazarlo por el multilateralismo, o sea al obligado consenso con la comunidad de naciones en abierta cooperación, que es la única manera de gobernar un mundo globalizado.
Mientras Estados Unidos se endeudaba y perdía prestigio, La Unión Europea se ha ido consolidando con 27 países y cerca de 500 millones de habitantes, ampliándose hacia el centro y el este del continente y a los países bálticos, y extendiendo su perímetro de influencia hacia el Mediterráneo.
Asimismo han ido emergiendo potencias económicas como China, India o Brasil, quienes junto a la Unión Europea y Rusia están disputando el liderazgo de Estados Unidos en el mapa del mundo.
El nuevo dirigente de EE UU sabe perfectamente que su proyecto de cambio sólo será posible si coopera con la UE, su socio natural por afinidades culturales, sociales y económicas.
Si bien Obama, como presidente de la nación más poderosa del mundo, intentará mantener esta supremacía económica y militar, así como su derecho a tomar sus propias decisiones, ha venido afirmando repetidamente que su doctrina de las relaciones internacionales pasa por un diálogo preferente con Europa.
España, con un presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que mantiene una significativa proximidad ideológica con Obama, presidirá la UE en 2010, cuando se celebre la gran cumbre con EE UU.
Europa aportará, entonces, un pensamiento político de cooperación y de respeto a las Naciones Unidas, de valores como los Derechos Humanos y la justicia social.
EE UU, por su parte, contribuirá con su poderío y su dinamismo.
Ambos deberán liderar un cambio que aporte un medio ambiente sostenible, un comercio justo entre todas las naciones, un sistema de salud y de educación universales, el definitivo desarrollo de las naciones pobres y un sistema eficaz de prevención de catástrofes humanitarias, climáticas y económicas en todo el planeta.
África, hasta ahora la gran olvidada, espera con ansias que este hijo del continente (el padre de Obama era keniano) se acuerde de ellos.
Hace pocos días un diario camerunés, Le Messager, decía con tanta ingenuidad como ilusión: “Obama dará dinero a nuestro presidente, quien nos regalará vacas”.
En Kisumo, la ciudad de Kenia más cercana a la aldea de Kogelo, donde nació el padre de Obama, están convencidos de la pronta llegada del Air Force One y el Ministerio de Obras Públicas ha decidido ampliar la pista del aeropuerto para poder recibirlo.
Las cosas, desgraciadamente, no son tan fáciles.
Obama intentará, según sus propias palabras, construír un nuevo paradigma que le permita ir más allá del New Deal de Franklin Delano Roosevelt, de la Gran Sociedad de Johnson y de la triangulación de Clinton.
Apoyado por más de 10 millones de simpatizantes conectados directamente con él a través de Internet (lo que quizás se convierta en una nueva forma de gobernar), Barack Obama se enfrenta al tremendo desafío de afrontar una dificilísima situación económica, de llevar adelante complicadas reformas, de terminar con dos guerras y de recobrar el prestigio y la influencia que Estados Unidos perdió en los últimos años.
Todo esto sin defraudar las esperanzas que ha despertado entre los más pobres, los más débiles, los más vulnerables, los más postergados de la Tierra.
Como decían los antiguos griegos, “que los dioses le acompañen”.

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