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Archive for 25 abril 2011

El girasol, icono de la energía limpia


Ninguna civilización de la historia ha dependido tanto de la energía como la nuestra.
De este hecho provienen gran parte de los conflictos internacionales (los más recientes, Irak y Libia) y hasta el polémico comentario de Aznar sobre Gadafi de hace pocos días…
Sin petróleo y energía nuclear nuestra sociedad occidental no funciona.
Sin ellos, los coches se detendrían, las ciudades se apagarían, nos quedaríamos sin tecnología ni comunicación y regresaríamos al medioevo.
La factura por esa energía contaminante la estamos pagando en forma de ‘espada de Damocles’ que se cierne sobre nuestras cabezas: el deterioro medioambiental y el peligro de la radioactividad.
Y, como si fuera poco, estamos atravesando una crisis energética global: por un lado, las insurrecciones árabes amenazan las mayores provisiones de hidrocarburos del planeta; por otro, el desastre de Fukushima pone en tela de juicio la conveniencia de la energía nuclear, que hasta ahora avanzaba incontenible.
En EEUU ya hay 102 reactores nucleares, en Francia 76, en Japón, 74. Y si China e India siguen su acelerado ritmo de crecimiento actual habría que instalar 3 centrales nucleares diarias para abastecerlas.
En estos días, cuando se cumplen 25 años de la catástrofe de Chernóbil, pueden apreciarse en su verdadera dimensión los peligros que entraña esta energía y sus terribles resultados.
Los más perjudicados, como siempre, fueron los niños, la mitad de ellos contaminados cuando estaban todavía en el vientre de sus madres: cáncer de todo tipo, malformaciones y secuelas neurológicas. Incluso en la actualidad, hay un nacimiento por cada tres muertes…
Los científicos opinan que pasarán todavía 300 años hasta que la radioactividad (aún presente en los alimentos que se consumen) sea eliminada de la región. Un veneno tóxico que no se ve, no se huele, no se nota ni se percibe, pero que mata tras una corta exposición al mismo.
Ucrania, que un día fue el granero de Europa, hoy es una tierra maldita…
Sin embargo, los entendidos afirman que sólo hay provisiones de petróleo y uranio para unos 15 años más… Y ya no se sabe dónde ubicar los deshechos radioactivos del planeta, tan mortales como la propia actividad.
En varias ocasiones se intentó (con poco éxito), ‘comprar’ la buena voluntad de algunos gobiernos del Tercer Mundo con el objeto de transportar y enterrar allí las cenizas tóxicas generadas por los países industrializados. Pero ésto no resultó y finalmente se decidió volcarlas en el mar (así las compartimos todos equitativamente).
Finlandia cree haber encontrado la solución.
Entre los bosques bajos de su costa occidental, a unos 100 km de la ciudad de Helsinki, se está excavando, en la roca viva y dura del gneis, un túnel que avanza a razón de 25 metros por semana y que se sumergirá hasta los 400 metros de profundidad.
El lugar se llama Onkalo, que en finés significa ‘oculto’. Y se convertirá en el cementerio de los residuos de las centrales nucleares finlandesas.
Esta obra faraónica es un primer intento por dar una solución definitiva a los peligrosos deshechos atómicos para los próximos 100.000 años, tiempo que se cree permanecerán activos.
En su película documental Into Eternity (2010) el ecologista Michael Madsen cuestiona la existencia eterna de Onkalo y su funcionalidad, a pesar de las buenas intenciones.
Onkalo se terminará en el año 2100, cuando será sellado definitivamente. A partir de esa fecha su existencia deberá ser olvidada durante 3.000 generaciones, tal como lo prescribe un proyecto de ley.
¿Será respetada esta orden? ¿Obedecerán nuestros descendientes las indicaciones de advertencia o las desoirán, quedando así expuestos a la letal radioactividad?
Los materiales que esconde Onkalo -cobre, uranio y plutonio- son muy valiosos.
¿Serán la prudencia y el miedo más fuertes que la codicia y la curiosidad?
Resulta escalofriante pensar en el caramelo envenenado que dejaremos a los humanos del futuro, tal vez multiplicado en otros países que sigan el ejemplo de Finlandia.
¿Nos odiarán por ello las generaciones del mañana? ¿Nos tildarán de irresponsables y egoístas por haber hipotecado sus vidas por adelantado para pagar nuestros derroches actuales?
Espero que no, que nada de esto llegue a suceder.
La naturaleza nos regala cotidianamente, no sólo su belleza y misterio, sus ricos ecosistemas y recursos, sino también sus tesoros de energía renovable.
El sol (energía solar), el viento (energía eólica), el calor del planeta (energía geotérmica), los mares y océanos (energía mareomotriz), los ríos (energía hidráulica), las olas (energía undimotriz) y la llegada de masas de agua dulce a masas de agua salada (energía azul), entre otras muchas.
Son virtualmente inagotables, unas por la inmensa cantidad de energía que contienen y otras porque son capaces de regenerarse a través de medios naturales.
Y, además, son limpias.
La imaginación humana tiene el deber de explorar hasta sus límites todas estas posibilidades, antes de que sea demasiado tarde.

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Cementerio de bebés no deseados en Pakistán


Desde esta primavera revolucionaria, nos consta que algo está cambiando en el mundo árabe.
Por lo pronto, los ciudadanos han aprendido a echarse a la calle para exigir tanto respeto como libertad.
Eso sí, para ellos, no para sus mujeres.
Durante esas frenéticas jornadas en Túnez, Egipto, Yemen y Libia -y ante nuestro júbilo y asombro- las mujeres (muchas de ellas con velo y hasta con burka) participaron masivamente.
Lo hicieron, según ellas, motivadas por una doble esperanza: alcanzar la democracia y la igualdad de derechos con los hombres.
Si bien en algunos países, como en Libia, sólo las dejan manifestarse en una zona acotada, las egipcias se comportaron de manera absolutamente libre durante las dos semanas del alzamiento y rompieron tabúes tan acendrados como los de poder dormir noches enteras en la plaza junto a cientos de hombres que también descansaban allí a la intemperie.
Afirman haberse sentido gratamente sorprendidas por el desacostumbrado respeto con que las trataban los hombres que allí participaban, así como por la extraña sensación de igualdad que habían experimentado.
Extraña y efímera.
La misma noche en que Hosni Mubarak capituló, el 11 de febrero, fue bárbaramente agredida y violada en El Cairo la reportera Lara Logan, corresponsal de CBS News en Egipto.
La bella periodista de 39 años (casada y madre de dos hijos pequeños) fue separada de su grupo y rodeada por una multitud de hombres vociferantes que, después de propinarle una tremenda paliza, la violaron brutal y repetidamente en plena Plaza Tahrir, al parecer por ser rubia y liberada, todo un deleznable símbolo del odiado Occidente..
Un mes más tarde, el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, las egipcias organizaron la ‘Marcha del Millón de Mujeres’, también en la ya celebérrima plaza Tahrir, para pedir pacíficamente que se les siguiera considerando una parte activa de la sociedad.
Pero se encontraron con una terrible realidad: fueron vapuleadas y abucheadas con frases tales como: “fuera, a cuidar a tus hijos”, “a casa, donde deberías estar” y “la mujer sólo sirve para parir” …
Parece que tampoco los nuevos órganos de poder, tanto en Túnez como en Egipto, contemplan contar con presencia femenina.
Esta misma semana el grupo político Hermanos Musulmanes, que se rigen por la Sharia (ley musulmana), ha solicitado que se vete la posibilidad de que mujeres y cristianos puedan alcanzar la presidencia del país.
Y el próximo sábado los egipcios decidirán con su voto si aceptan las enmiendas constitucionales propuestas por un comité de sabios en el que no se encuentra, por cierto, una sola mujer.
Lo mismo está sucediendo en los territorios conquistados por los rebeldes libios.
Ésto me recuerda a esa revolucionaria rusa que se quejaba de ser considerada igual a sus compañeros a la hora de atentar colocando dinamita bajo un tren, pero que después debía servirles el café y lavarles la ropa.
Es que para algunos hombres el ancestral desprecio a la mujer es más fuerte que cualquier ideal.
No hay lugar en el mundo donde se valore menos a las mujeres que en los países árabes, menos incluso que en el África subsahariana.
Las encierran en casa, las cubren con velos y burkas, les practican la mutilación genital, las obligan a casarse con desconocidos, les prohiben estudiar (el 40 % son analfabetas) y las acosan sexualmente (a un 83 % de ellas).
Esa opresión se convierte en tragedia cuando vemos cómo aumentan en Pakistán, por ejemplo, las muertes de bebés no deseados fruto de ‘relaciones ilícitas’. Tan sólo el año pasado hubo 1.210 infanticidios en todo el país, en su mayoría niñas.
En este país musulmán ultra conservador es pecado tener hijos fuera del matrimonio y el adulterio se castiga con la muerte según la estricta interpretación de la ley islámica.
El problema es que cada vez hay más gente joven que vive en pareja y tiene hijos sin casarse (o porque se lo prohíben), a los que sus tradicionales padres les arrebatan los bebés para cumplir con la inexorable ley.
Se cuenta inclusive una escalofriante historia de fanatismo religioso.
Hace unos años, una mujer abandonó a su recién nacido en los escalones de una mezquita por ser ilegítimo.
Cuando los hombres salieron del templo luego de las plegarias matutinas y hallaron al bebé, informaron al clérigo, quien proclamó que era un bebé ilícito que debía ser lapidado.
Y así lo hicieron…
La mujer árabe todavía debe recorrer un largo camino para lograr el control sobre su propio cuerpo, su propio vientre y su propia vida.
Para ayudarla a alcanzarlo y en nombre de los derechos humanos, las sociedades occidentales deberían priorizar, antes que el acceso al petróleo, la defensa de la vida.

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