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Archive for 21 noviembre 2010


Es un héroe nacional y su cara está impresa tanto en las monedas norteamericanas y los billetes de dos dólares como en las conocidas y gigantestas eficies rocosas del Monte Rushmore.
Pero Thomas Jefferson (1743-1826) sigue siendo, casi 200 años después de su muerte, una figura tan polémica como fascinante.
Considerado uno de los Padres Fundadores de la Nación y habiendo sido tercer presidente de los EE UU, redactó, también, su Declaración de la Independencia, por lo que se lo considera un campeón de la libertad.
Además de político y erudito, Jefferson fue también brillante arquitecto, arqueólogo, paleontólogo, músico, inventor y horticultor.
Pero protagonizó el mayor escándalo sexual de su época, sólo comparable en su magnitud al que desataran, siglo y medio más tarde, el presidente Bill Clinton y Mónica Lewinsky.
El carismático patriota americano poseía, en su mansión neoclásica de Monticello, más de 600 esclavos negros. Entre ellos había una joven cuarterona (o sea, con tan sólo una cuarta parte de sangre africana) llamada Sally Hemings.
Sally, hija de su suegro, John Wayles, y de una mulata (y por lo tanto medio hermana de su esposa) había sido una especie de regalo de bodas cuando Jefferson se había casado con Martha Wayles Skelton, y tenía aproximadamente la misma edad que las hijas mayores de Jefferson, Martha y María.
Según las leyes estadounidenses de la época, los descendientes de esclavos también seguían esclavizados, aunque solo tuvieran una gota de sangre negra. Sin embargo, y gracias a su tez tan clara, estos mestizos trabajaban en puestos de privilegio y no en las penosas tareas del campo.
Jefferson quedó viudo muy pronto y viajó a París en 1784 junto a su hija Martha, como representante de su gobierno en Francia. Tres años más tarde su hija segunda, María, vino a reunirse con ellos.
La acompañaba su esclava Sally, una adolescente casi blanca de extraordinaria belleza, y su hermano James, que viajaba con el fin de ser entrenado como chef de cocina.
Todos permanecieron más de dos años en Francia. Seguramente debido a los aires de libertad que reinaban en París en esos años que precedieron a la Revolución Francesa, tanto Sally como James recibieron un pequeño sueldo en pago por sus servicios.
En algún momento de esa estadía el viudo de 46 años y la niña esclava de 14 comenzaron a vivir en concubinato.
Cuando llegó el momento de regresar, Sally, quien ya hablaba bien el francés, pudo optar entre quedarse a vivir en Francia (donde estaba abolida la esclavitud) como una persona libre o regresar a Monticello, Virginia, como esclava de Jefferson.
Sorprendentemente la joven, ya embarazada de su primer hijo, Tom, eligió esto último, aunque exigió que los hijos que nacieran de esa unión fueran liberados, a lo que Jefferson accedió.
En Monticello nacieron seis hijos más: Harriet, Beverly, Thenia, Harriet, Madison y Eston, todos los cuales, con sólo un octavo de sangre negra, eran prácticamente ‘blancos’ y, algunos de ellos, parecidísimos a Thomas Jefferson.
Si bien era común en esa época que los viudos de Virginia tomaran como concubinas a mujeres esclavas, sus enemigos políticos atacaron encarnizadamente a Thomas Jefferson por su relación con Sally, vínculo negado terminantemente entonces, tanto
por Jefferson como por sus hijas Martha y María, como continuó siendo negado por la familia hasta nuestros días.
Los hijos de Sally crecieron en la gran casa desempeñando sólo pequeñas tareas tales como recados. Todos ellos aseguraron posteriormente que Jefferson había sido un hombre amable y bondadoso, aunque no proclive a demostrar sentimientos.
Cuando alcanzaron la adolescencia los niños comenzaron a aprender diversos oficios como carpintería o costura. Algunos se convirtieron en músicos, como Beverly, un virtuoso del violín.
Una vez alcanzada la mayoría de edad, Jefferson les dio 50 dólares a cada uno para que abandonaran la casa paterna y lograran integrarse, anónimamente y en otra ciudad, en la sociedad ‘blanca’.
Sally y su amo blanco permanecieron juntos y unidos, manteniendo una relación amorosa y monógama durante 38 años (ante la escandalizada y celosa mirada de las dos hijas blancas de Jefferson, quienes para colmo de males eran sobrinas carnales de la mulata) hasta que el anciano falleció en 1826.
Aunque nunca fue oficialmente ‘liberada’, un censo realizado en el Condado de Albermarle en 1833 clasificó a Sally Hemings como una mujer blanca y libre a la edad de 56 años, que vivía con sus hijos.
La historia, que hizo correr ríos de tinta durante casi tres siglos, terminó en 1998, cuando una prueba de ADN realizada a los descendientes de Sally demostró que, sin lugar a dudas, Thomas Jefferson había sido el padre de sus hijos.
¿Vivieron Thomas y Sally una historia de amor o de abuso de poder?
Es indudable que Thomas Jefferson era un hombre bien plantado, inteligente, divertido, cultísimo y sin lugar a dudas atractivo en esa época para cualquier mujer.
Pero no es menos cierto que le separaban treinta años de la jovencísima Sally y que la relación amo-esclava había puesto su nota de perversión en lo que seguramente fue una especie de seducción autoritaria.
El hombre que escribió (tal vez para acallar rumores): “La mezcla de razas produce una degradación que ningún amante de este país, o de la excelencia del carácter humano, consentiría inocentemente”, se reveló como un gran hipócrita, o un gran cobarde, o tal vez, simplemente, como un hombre de su tiempo.

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