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Archive for 16 junio 2010

Sophie, el día de su detención


La fría mañana del 18 de febrero de 1943, Sophie Scholl, una joven alemana de 21 años estudiante de medicina, se deslizó apresuradamente junto a su hermano Hans dentro del edificio de la Universidad de Munich, donde ambos estudiaban. Las clases estaban por comenzar.
Repartieron en rincones estratégicos del edificio los folletos con eslóganes antinazis que portaban y, como colofón, Sophie dejó caer desde los altos de la escalera y sobre el resto de los estudiantes que entraba en el edificio, los volantes que todavía le quedaban en las manos.
Después, los dos hermanos se mezclaron con la muchedumbre, intentando pasar inadvertidos. Pero el bedel, Jakob Schmidt, miembro del Partido Nazi, los había visto. Y los denunció a la Gestapo, que los detuvo inmediatamente.
Sophie y Hans, hijos del alcalde del vecino pueblo de Forchtenberg am Kocher y profundamente cristianos, habían fundado hacía un año, junto a otros compañeros, un movimiento que abogaba por la resistencia no violenta contra el régimen hitleriano en Alemania y por el fin de la guerra. Lo llamaron ‘La Rosa Blanca’.
Calificaban a la deportación de judíos como ‘crimen contra la dignidad humana’ y clamaban: “El nombre de Alemania quedará mancillado eternamente si la juventud alemana no se levanta por fin, se venga, aniquila a sus verdugos y construye una nueva Europa en el orden espiritual. En nombre de la juventud alemana exigimos al Estado de Adolf Hitler que nos restituya la libertad personal, el bien más preciado de la nación alemana, a la que ha engañado de la manera más lamentable.”
Después de cuatro días de cruel interrogatorio, el 22 de febrero Sophie fue condenada a muerte por guillotina, a ejecutarse ese mismo día. Cuando caminaba hacia el cadalso se detuvo durante un momento y dijo: “Un día tan lindo, tan soleado, y debo irme”. Y agregó: “Pero, ¿qué importa mi muerte, si a través nuestro miles de personas se despiertan y comienzan a actuar?”
Manteniendo su valor hasta el fin, pronunció con firmeza su última frase minutos antes de que accionaran la feroz cuchilla: “Sus cabezas también caerán”. El mismo día fueron también ajusticiados su hermano Hans, de 25 años y el profesor Christoph Probst, de igual edad, casado y con tres hijos pequeños. Hans murió gritando: “¡Viva la Libertad!”.
Treinta y tres años más tarde, el 16 de septiembre de 1976, en la ciudad de La Plata, Argentina, y durante la dictadura militar, un grupo de estudiantes secundarios fue detenido en el transcurso de una larga y fatídica noche conocida ahora como “La Noche de los Lápices”.
Diez adolescentes pertenecientes a la Unión de Estudiantes Secundarios de esa ciudad, que habían participado en una campaña por el boleto estudiantil de autobus, fueron secuestrados y acusados de ‘subversión en las escuelas’.
Ninguno de ellos superaba los 18 años. María Claudia Falcone, estudiante de Bellas Artes y una de las líderes más encendidas, sólo tenía 16.
Todos sufrieron la tortura durante semanas en diferentes centros de detención clandestinos. María Claudia, además, fue salvajemente violada y humillada como parte del ‘interrogatorio’. Menos de la mitad sobrevivieron.
Pablo Díaz, uno de los supervivientes, vió por última vez con vida a una destrozada Claudia el 28 de diciembre del mismo año, en Banfield. Después, se pierde su rastro…
Tanto Sophie como Claudia llegaron al cine y, gracias a él, el mundo conoció sus historias.
Hoy, las dos (como las Trece Rosas de Madrid, como Jan Palach en Praga, como los estudiantes chinos de la Plaza Tiananmen, como los estudiantes mexicanos de la Plaza de las Tres Culturas, como tantos otros…) se han convertido en símbolos que nos recuerdan el coraje ciego y la ardiente sed de justicia de la extrema juventud y la generosa ofrenda de sus vidas en la lucha por la dignidad humana y la libertad.

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