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Archive for 18 febrero 2010


Hace unos días los medios internacionales daban cuenta de un espeluznante suceso.
Una adolescente turca de 16 años, Medine Memi, había sido encontrada muerta y enterrada en el gallinero del patio de su casa, después de 40 días de desaparición.
El crimen había sido perpretado por su padre y su abuelo, quienes la habían enterrado viva para “lavar su honor”.
En el agujero de dos metros de profundidad, el cuerpo de Medine fue encontrado sentado y en posición fetal, con las manos atadas adelante.
La gran cantidad de tierra en los pulmones y el estómago indicaba que su muerte había sido lenta y dolorosa.
“El resultado de la autopsia hiela la sangre” ha dicho uno de los médicos forenses que realizaron la autopsia. “Según nuestras averiguaciones, la chica –que no tenía moretones en su cuerpo y ningún signo de estupefacientes o de veneno en la sangre– estaba viva y consciente cuando fue enterrada”.
Detenidos por la policía, los dos culpables se limitaron a alegar que la conducta de la niña “los avergonzaba”.
Al parecer, Medine, y a pesar de las palizas que le daban para impedirlo, se empecinaba en tener amigos varones y en verse con ellos.
Aunque la niña había denunciado a sus familiares hasta en tres ocasiones por las brutales palizas que le propinaban con el fin de corregir su conducta ‘licenciosa’, las autoridades siempre la habían devuelto a su casa.
Hasta que, un día, Medine desapareció.
Un vecino, alarmado por no haberla visto durante un mes y temiéndose lo peor, avisó a la policía.
Allí, en un agujero cavado en el gallinero del patio de su casa y tapado con concreto, encontraron su cadáver.
Medine, a quien jamás le habían permitido asistir a una escuela, vivía en Kahta, un pueblo con población de mayoría kurda situado al sudeste de Turquía.
Otrora baluarte de la poderosa secta islámica Naksibendi (proscrita en 1925 por el fundador del Estado turco moderno, Ataturk, y nunca desaparecida del todo), Kahta es conocido por sus rígidas costumbres fundamentalistas.
En toda la región sudeste de Turquía son frecuentes los ‘crímenes de honor’, casi 300 al año.
Los clanes kurdos también acostumbran a castigar a las mujeres por hablar con desconocidos y siguen concertando para ellas matrimonios forzados cuando llegan a los 14 o 15 años y recibiendo dinero a cambio, como si de una trata de blancas se tratara.
“Si en estos casos, como pasa a veces, la niña decide escaparse con alguien, el castigo es directamente la muerte si la encuentran”, explica Emine Vaz, coordinadora de la asociación feminista del sureste llamada Van Kadin Dernegi.
Algunas chicas, como las hermanas Hediye y Kadire Demirel, optan por el suicidio: hace unas semanas saltaron, juntas y de la mano, desde un séptimo piso en Diyarbakir para evitar el inminente matrimonio forzado de Hediye.
A pesar de los esfuerzos desplegados en el país, tanto por el gobierno turco como por asociaciones defensoras de los derechos humanos, las encuestas muestran que este tipo de castigos siguen gozando de popularidad en el sudeste del país, especialmente entre la comunidad kurda.
La ejecución de Medine, especialmente cruel, fue seguramente decidida para que tuviera un ‘efecto disuasorio’ sobre otras niñas.
Si bien el terrible asesinato ha causado indignación en Turquía y tanto el padre como el abuelo de Medine han sido detenidos y están encarcelados a la espera de juicio, estas barbaridades, con toda probabilidad, seguirán ocurriendo.
Un estudio de la Universidad de Diyarbakir acredita que la mitad de los reos turcos condenados por crímenes de honor siguen sin arrepentirse de su delito, una actitud compartida también por sus respectivas familias.
La ONU sitúa a Turquía en el puesto 101 de 109 países en cuanto al rol de la mujer en la sociedad y Europa sigue mostrando su reticencia (por ésta, entre otras muchas razones) a dejar entrar al país otomano en su selecta Comunidad de 27 Estados.
Pero, aunque las cosas algún día cambiaran, ya nada podrá devolver la vida a Medine, esta pobre niña que se ha erigido en mártir de la libertad muy a su pesar.
Recuerdo como era ser una adolescente de esa edad, el descubrimiento de la vida, las ansias de independencia, los temblores del primer amor, el aroma de un beso…
Una rosa ha sido salvajemente tronchada en plena floración…

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