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Posts Tagged ‘familia’

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Nos sonríen desde esas viejas fotografías descoloridas por el tiempo, imágenes que guardamos durante años en un cajón y que un día, porque sí, decidimos enmarcar y ubicar sobre las repisas del dormitorio.
Ahí, entre libros, cajitas, papeles de trámites impostergables, siguen sonriendo.
De vez en cuando, en medio de algún día agotador, mientras pulsamos las teclas de la calculadora haciendo frenéticos cálculos matemáticos o nos ponemos el móvil al oído, alzamos distraídamente los ojos y los vemos.
Sonriendo.
¿Dónde están?
Recordamos con cierta culpa que hace mucho pero muchísimo tiempo que no vamos al cementerio a llevarles flores.
Pero también sabemos que no queremos volver a experimentar la frustrante sensación de vacío e impotencia, de futilidad, de darnos la cabeza contra la pared, que supone el visitar, esgrimiendo un ramo de claveles blancos, la tumba solitaria en la que reposan esos pocos huesos silenciosos.
Después de musitar sin mayor convicción alguna oración aprendida en la infancia, depositamos las flores cuidadosamente.
Esperamos.
Nadie nos agradece, nadie nos responde.
Regresamos lentamente a casa.
¿Sirvieron de algo la visita, la plegaria, los claveles?
Nunca lo sabremos.
A veces, nuestro cerebro, con esa implacable y minuciosa memoria que supera a la más sofisticada de las calculadoras, resucita sensaciones perdidas para siempre.
Un perfume especial, el estallido feliz y sonoro de una carcajada, ciertos pasos leves sobre las baldosas del pasillo cercano, la luz de una mirada significativa.
Sensaciones registradas indeleblemente en cada una de nuestras neuronas y fijadas milagrosamente por el dolor de la pérdida.
Allí están y allí se quedarán, para que las repasemos en los momentos de nostalgia.
¿Dónde están ellos, sin embargo?
Nos gusta creer que están aquí, cerca de nosotros, rondando como encantadores fantasmas, abriendo puertas, soplando la tela leve de las cortinas hasta hacerlas volar, rozando los pétalos de las rosas que languidecen en el florero.
Cada pètalo que cae puede ser un mensaje trunco…
¿Dónde están?
Sopesamos las distintas posibilidades.
El cielo, el infierno, el purgatorio, el limbo, la reencarnación en otro cuerpo, el nirvana budista, el oscuro abismo de la nada, alguna central de energía cósmica errante en el espacio…
O, quizá, simplemente, aquí, en nuestro corazón.

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navidad
Se acercan las fiestas de fin de año que, como siempre, tocan especialmente la sensibilidad de aquellos que han venido desde tierras lejanas para vivir en Catalunya.
Son fechas de nostalgia y de asombro.
De nostalgia por todo lo que quedó atrás: la familia, el idioma materno, las costumbres, los amigos…
Y de asombro por las fiestas de aquí: el caganer del pesebre, el frío que muerde las carnes, las doce uvas de las campanadas…
Muchos, los más afortunados, saturan los vuelos para estar cerca de los suyos y, como dice el conocido anuncio de turrones, “vuelven a casa por Navidad”.
La mayoría, sin embargo, se resigna a pasar las fiestas aquí, entre costumbres y gentes extrañas, tratando de hacerlas suyas, de entenderlas y de asimilarlas.
Los que pueden envían dinero a sus países, para que la familia por lo menos pueda festejar con holgura.
El año pasado estas remesas se incrementaron en un 40 %, gracias a la paga extra de Navidad, especialmente entre los ecuatorianos, bolivianos y peruanos.
Por suerte son multitud los que pueden festejar en familia, ya que este año Barcelona ha sido la provincia española que más inmigrantes ha recibido a través de la reagrupación familiar, un total de 15.426 personas.
Sin embargo, para los que se encuentran solos nunca faltará el calor de un grupo de compatriotas donde refugiarse de tanta soledad y tanto desamparo …
Las navidades suelen resultar especialmente duras para los inmigrantes que están en el paro ó en la ilegalidad, sin papeles.
Para todos ellos, un afectuoso saludo y, si me lo permiten, recordarles dos cosas que pueden reconfortarles:
Una, que gran parte de los catalanes de hoy son descendientes de inmigrantes que llegaron a trabajar aquí desde toda España, por lo que, en lo más íntimo de su corazón, comprenden al extranjero de hoy.
La segunda es que ese niño cuyo nacimiento se celebra como símbolo de la fraternidad nació en un establo porque sus padres también eran inmigrantes en tierra extraña y nadie había querido darles alojamiento.
La historia sigue conmoviendo después de dos mil años, más que por su significado religioso, por su mensaje de inmensa humanidad.

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