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“Quien es cruel con los animales, no puede ser una buena persona”, afirmó Arthur Schopenhauer…

Y no se equivocaba.  La reciente tragedia de  El Salobral confirma lo que siempre habíamos sospechado: que quien se divierte disparando tiros por el campo y asesinando animales inocentes (y con tanto derecho a la vida como él), puede terminar matando a cualquiera que lo contradiga: su novieta de 13 años, el amigo que desaprobó el romance, etc, etc…

¿Por qué llaman a la caza ‘deporte’ si no es más que una práctica cruel? Hacer puntería para convertir a un bello animalito rebosante de vida en un guiñapo inerte, un amasijo de sangre, tierra y pelo ¿es eso deporte?  Ciertamente, para el animal no lo es, no participa de esta siniestra diversión, para él tan sólo se trata de una cuestión de vida ó muerte.

He aquí algunos apuntes sobre la caza, el ‘deporte de los reyes’, en la civilizada Europa:

a) España es el único país de Europa donde se permite la caza con perros galgos. Cada año se utilizan medio millón de galgos para cazar, de los que 50.000 son eliminados al terminar la temporada.  Son abandonados, tiroteados en la cabeza, colgados de un árbol, quemados vivos, ahogados, sacrificados con inyecciones de lejía, tirados a pozos profundos hasta que mueren de hambre y de sed ó, en una refinada y suprema muestra de crueldad, ahorcados con la modalidad de ‘tocar el piano’.  Es decir, estrangulados según el castigo que sus amos les quieran dar por su comportamiento: si han sido malos cazadores, sus patas traseras tocan el suelo y en ellas pueden apoyarse, pero sus patas delanteras sólo rozan el suelo. Cuando los animales intentan apoyarlas completamente para descansar, se ahorcan. Los galgos así colgados pasan horas y horas intentando apoyar las manos en el suelo y luego levantándolas enseguida, rozando el suelo sólo con los dedos… como un pianista que coloca sus dedos sobre el teclado, sin apoyar las manos en él.  Los animales terminan ahorcándose después de muchas horas en las que tratan de mantenerse sobre sus patas traseras.  Los perros que han sido buenos cazadores, en cambio, son ahorcados directamente de modo que sus patas delanteras quedan colgando del aire y sus patas traseras tocan ligeramente el suelo. La muerte así es más rápida. Asombrosa misericordia…

b) El lobo, el lince y el oso pardo están prácticamente extinguidos en Europa a causa de la caza, y el águila se encuentra muy diezmada. En Francia se importan cada año animales del extranjero para ser abatidos por los cazadores: 6.200.000 faisanes, 800.000 patos silvestres, 500.000 perdices y codornices y 200.000 liebres. Y además,  los cazadores en Alemania matan cada año cerca de 400.000 gatos domésticos y aproximadamente 40.000 perros, sólo por  practicar su puntería…

c) A menudo los animales son tan sólo tocados por los disparos. La búsqueda posterior, si es que ésta tiene lugar, dura horas o días. Hasta el disparo mortal los animales se arrastran horas o días enteros con el cuerpo destrozado, las vísceras colgando o los huesos rotos a través del bosque para huír de los cazadores. También muchos animales, en especial aves silvestres, son alcanzados por el plomo de los cazadores aunque no mueren al momento, porque no han sido dañados los órganos vitales. Así que padecen durante horas o días hasta que mueren a consecuencia de las heridas. Uno de cada cuatro patos vive con heridas de disparos.

d)  Desde hace dos años la Junta de Castilla y León, España, subvenciona clases de caza en colegios públicos para niños y niñas de 7 a 12 años. Al acuerdo, firmado a petición de la Federación de Caza de esta comunidad,  ya se han destinado 303.000 euros. Con ésto el presidente de la entidad  pretende “frenar la intoxicación informativa y la ‘Cultura de Bambi’ entre los jóvenes, en las que los cazadores son malos y los ciervos buenos”.

e) La caza mueve cada año más de 2.230 millones de euros en el Estado español, según un estudio de la Real Federación de Caza, aunque otros informes elevan la cifra a 3.580 millones de euros.

Sin embargo, lenta pero inexorablemente,  se va abriendo paso en la conciencia colectiva la noción de la responsabilidad que tenemos hacia los animales, nuestros antepasados en la escala evolutiva, nuestros hermanos pequeños…

Hace pocos días Costa Rica ha prohibido la caza deportiva. Este pequeño pero pacífico y  civilizado país, que siempre ha sido ejemplo de sociedad democrática y que desde sus comienzos ha omitido  destinar dinero en un ejército, vuelve a dar una muestra de civismo al convertirse en  la primera nación del continente americano en sancionar una ley que inaugura una nueva época en el mundo.

La era en la que no sólo la caza estará prohibida. También la tauromaquia, el boxeo y cualquier otro entretenimiento sádico y sangriento que consista en golpear, torturar, mutilar ó aniquilar a cualquier ser viviente (incluído el hombre) como forma de ocio recreativo.

Erradicar estas salvajes prácticas harán que la humanidad avance un paso de gigante en su desarrollo moral y que nuestros niños sean mejores personas de lo que hemos sido nosotros.

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Hemos crecido escuchando cuentos infantiles donde la gran malvada era la bruja.
En La Bella Durmiente la bruja consumaba su venganza durmiendo a todo el mundo durante cien años. En Blancanieves intentaba envenenar a su hijastra con una manzana envenenada. En Hansel y Gretel atraía a los niños dentro de su casita de chocolate para comérselos crudos…
Brujas, hechiceras, meigas o chamanas, las mujeres con poderes extraordinarios siempre han sido señaladas como encarnaciones del Mal, un peligro para el resto de los mortales.
Se les han atribuído pactos con el Diablo, sexo con demonios (íncubos y súcubos), la práctica de la magia negra, vuelos sobre palos de escoba, la capacidad de causar maleficios de todo tipo y también la de transformarse en animales, especialmente lobos o gatos negros.
Ya en el Antiguo Testamento, en el capítulo del Éxodo, se prohibía específicamente la brujería y se ordenaba que se la castigara con la pena de muerte mediante unas tremendas palabras: “A la hechicera no la dejarás que viva”…
Ese odio al poder femenino alcanzó su paroxismo durante las fanáticas cazas de brujas que tuvieron lugar por toda Europa durante la Edad Media, entre los siglos XV y XVIII.
Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en los bosques llamadas ‘aquelarres’, en las que adoraban al Demonio besándole el ano (Osculum infame).
Éste las recompensaba, entonces, imponiéndoles su marca y otorgándoles drogas mágicas con las que celebrar sus hechizos.
Durante estos aquelarres, también se afirmaba que las brujas realizaban ritos demoníacos que suponían una inversión sacrílega de los ritos cristianos, como recitar el Credo al revés, consagrar una hostia negra o dar la bendición con un hisopo negro.
Estas mujeres poseídas supuestamente realizaban, como corolarios de sus reuniones, opíparos banquetes (algunos con carne humana), seguidos por frenéticas orgías sexuales.
Las ceremonias requerían, según los acusadores, el asesinato de niños pequeños, así como otros sacrificios humanos.
La caza de brujas se originó a partir de la creación de la Inquisición, un tribunal eclesiástico concebido por el Papado para combatir la herejía, pero que, a partir del siglo XIV, se dedicó con especial ahínco a perseguir a las posibles brujas, logrando sus confesiones mediante atroces torturas.
Hubo más de 100.000 procesos y unas 60.000 ejecuciones probadas de mujeres consideradas brujas (casi todas fueron quemadas vivas en la hoguera), aunque algunas fuentes creen que la cifra real puede duplicarse o triplicarse.
Cualquier mujer que se destacara por su belleza, o por su capacidad de seducción, o por su inteligencia o por sus conocimientos sobre hierbas medicinales, podía ser acusada -y juzgada- como hechicera.
El revisionismo histórico que llegó con el siglo XX puso las cosas en su lugar.
Entre 1921 y 1954 la antropóloga inglesa Margaret Murray expuso en tres libros una teoría en la que demostraba que la brujería derivaba de una antigua religión neolítica, panteísta y matriarcal.
Los ritos de fertilidad prehistóricos para lograr que la naturaleza no muriera en el invierno y concediera buenas cosechas en el verano incluían orgías sexuales y sacrificios humanos (para que la sangre derramada fertilizara la tierra).
Hay acreditados autores que atribuyen a este antiquísimo rito, en que un joven dios era sacrificado para salvar las cosechas, el origen del dogma cristiano del sacrificio de Jesús en la cruz para redimir los pecados.
Es España el último juicio a la brujería tuvo lugar en Zugarramurdi, Navarra, a finales del siglo XVII.
Los inquisidores se encontraron con el problema de que había varios miles de mujeres acusadas de brujería.
Si todas resultaban condenadas ¿cómo quemar vivas a tantas?
Dirimieron la cuestión declarando que ninguna de ellas tenía pactos con el Diablo.
A partir de entonces, ya ninguna otra mujer fue enviada a la hoguera.

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