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Posts Tagged ‘belleza’

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Al finalizar esa azarosa etapa de la vida que es la adolescencia, cuya travesía equivale a transitar por una zona pantanosa plagada de misterios y peligros, recalamos en un valle mágico, soñado: la veintena.
¡Ah, los veinte años!..
Esos veinte años repletos de promesas…
Los veinteañeros (lo recordamos muy bien) miran con desprecio a los menores de esa edad. Claro, acaban de pasar por eso y conocen perfectamente sus incertidumbres y sus inseguridades. Que ellos han superado, naturalmente.
El joven (o la joven) de veinte años ya no tiene granitos en la cara, ha elegido su futura profesión, ya no le teme a sus padres, conoce su cuerpo y lo usa.
Es la edad de oro del organismo, la plenitud física, la cumbre del desarrollo corporal.
Nunca fueron, ni volverán a ser, tan bellos, tan sanos, tan fuertes, tan enérgicos.
El futuro se abre ante ellos, ofreciéndoles el más amplio abanico de posibilidades.
A los veinte años, todo es posible. Premios de belleza, becas de estudio, trofeos deportivos, amores inolvidables.
La capacidad de soñar, de amar, de imaginar, está todavía intacta.
Es por eso, quizá, que también compadecen a los ‘veteranos’, los de más de treinta años, a los que encuentran un poquito cómicos.
¡Cuántos temores, cuántas quejas, cuántos problemas se hacen por todo!
Si la vida es tan fácil…
Y el que lo dude, no tiene más que preguntarle a un veinteañero.
Él (o ella) le explicará con absoluta seguridad cómo son las cosas.
Qué hay que comer, cómo hay que criar a los hijos, qué se debe hacer para conservar una pareja feliz toda la vida…
Ellos lo saben todo.
Tienen la juventud eterna de los dioses, ya que jamás se plantean la idea de la muerte. Eso es para la gente muy, muy vieja. Para llegar a ella faltan como ochocientos años, una eternidad…
Después, los meses y las estaciones se suceden.
El tiempo comienza a pasar, también para ellos, los jóvenes dioses.
La arrogancia, esa orgullosa armadura que brillaba al sol cuando partieron, comienza a mellarse bajo los golpes de la vida.
Una que otra desilusión. Algún amor contrariado. Una traición. La muerte de un amigo…
A partir de los veinticinco comienzan a desplegarse las defensas: “Jamás seré como tu amiga Silvia, ni cuando tenga cuarenta”; “No pienso ser un mediocre como mi papá”; “Yo jamás me divorciaré”…
Sí, chicos, vosotros también os arrugaréis, fracasaréis, os aburriréis y os divorciaréis, sufriréis y os moriréis.
Pero por cada arruga habrá un beso y por cada nube un rayo de sol.
Así es la vida.

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