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Archive for the ‘. “A Conciencia” Revista Fusión’ Category

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Se lo denominó “el juicio del siglo”.

Hace justo tres años, el 14 de febrero de 2011, un juez de Lago Agrio, en la Amazonia ecuatoriana, dictó una sentencia histórica: condenó a la compañía Chevron (ex-Texaco) a pagar 9.500 millones de dólares para reparar los gravísimos daños causados a la naturaleza de ese lugar y a sus habitantes.

El protagonista de esa lucha desigual, que muchos han equiparado a la de David contra Goliat, ha sido un abogado ecuatoriano de 41 años, viudo y con cuatro hijos, Pablo Fajardo Mendoza, hijo de campesinos analfabetos.

Nacido en una choza como el quinto de diez hermanos, Pablo trabajó de niño desbrozando maleza con un machete. Al mismo tiempo, a instancias de sus padres, estudiaba en la misión que dos frailes capuchinos de origen navarro habían construído en la selva. Ellos también le enseñaron a rebelarse contra las injusticias.

Lo que más sublevó al joven Pablo fue ver a los indígenas trabajando por sueldos míseros y envenenándose con la contaminación. Y comenzó su rebelión. A los 16 años fundó un comité de derechos humanos formado por 50 campesinos e indígenas damnificados por la contaminación. También se dedicó a investigar…

Desde 1964 Texaco había perforado en la Amazonia 356 pozos petroleros. Por cada pozo que perforaba construía cuatro o cinco piscinas para arrojar desechos tóxicos, siempre cerca de un río. La idea era deshacerse de ellos de forma fácil y barata.

Los ríos, así contaminados, llevaban en sus aguas azufre y otros tóxicos que, al evaporarse, caían sobre la selva en forma de lluvia ácida. El objetivo de la compañía transnacional era extraer petróleo con la menor inversión posible, por lo que se ahorró 8.500 millones de dólares incumpliendo las normas más elementales de seguridad y gestión de desechos.

Chevron no sólo intoxicó y destruyó parte de la selva amazónica, provocó abortos, leucemia y  cáncer en más de 2.000 de sus habitantes, a quienes también desplazó y alcoholizó, sino que en sus campamentos se violó al 10 % de las mujeres indígenas y, en una verdadera campaña de terror, hasta llegó a secuestrar a niños en helicópteros para abandonarlos muy lejos. Dos de ellos debieron caminar a través de la selva durante ocho días para regresar a sus casas…

De las cinco tribus indígenas que vivían en esa zona, dos, las de los Tetetes y los Sansahuaris, han desaparecido para siempre.

Al poco tiempo de comenzar su labor social Pablo fue despedido de su trabajo. Los frailes que lo protegían lo emplearon, entonces, en la misión y le consiguieron becas para que continuara sus estudios. El adolescente aprovechó para fundar, junto a otros niños, una escuela que todavía funciona.

Muy pronto, los afectados de otros pueblos comenzaron a unirse al movimiento de damnificados por la contaminación que había creado Pablo. Una abogada estadounidense, Judith Kimberling, publicó sobre el tema el libro Amazon Crude (El crudo de Amazonia), que atrajo la atención internacional. Tres abogados estadounidenses aceptaron representar a los afectados y el 3 de noviembre de 1993, en un juzgado de Nueva York, presentaron la primera demanda contra Texaco.

Al año siguiente, el adolescente Pablo terminó la escuela secundaria. Cansado de que, ante sus reclamaciones, las autoridades de su país le repitieran: “búsquese un abogado”, decidió estudiar Derecho. Lo hizo desde su chabola y por correspondencia, subvencionado por una familia española a la que habían acudido los frailes navarros que siempre le habían protegido.

En 2004, obtuvo su título.

Junto al líder indígena Luis Yanza, Pablo Fajardo fundó el Frente de Defensa de la Amazonia (FDA) en nombre de los 30.000 afectados por la contaminación petrolera. Todos ellos pertenecen a los pueblos Cofán, Siona, Secoya, Kichwa y Huaorani, que hasta 1964 vivían en completa armonía con la naturaleza, en la escasamente poblada zona del oriente de Ecuador.

La página web Texacotoxico.org expone las aterradoras cifras de los impactos ambientales causados por la multinacional en la Amazonia ecuatoriana:

. 480.000 hectáreas de selva contaminada

. 60.000 millones de litros de agua tóxica arrojada a esteros y ríos

. 650.000 barriles de crudo vertidos

. 880 fosas o piscinas construídas sin aislantes para alojar vertidos y deshechos de crudo

La contienda de más de 20 años entre los indígenas y la compañía multinacional fue implacable.

Por un lado Texaco, la mayor empresa petrolera del mundo, poseedora de yacimientos de petróleo, refinerías, buques petroleros y activos que valen 233.000 millones de dólares; que contrató a 2.000 abogados y gastó 1.300 millones de dólares para defenderse.

Por el otro, Pablo Fajardo y cuatro abogados más, sólo armados con su verdad.

Texaco los acusó de terrorismo, extorsión e incluso utilizaron leyes para perseguir a mafiosos.

Los argumentos de defensa de la transnacional son: que el petróleo no contamina, que la Amazonia es un terreno petrolero y que ahí no tiene por qué vivir nadie, que el cáncer se produce por la falta de higiene de los indígenas, que el petróleo es biodegradable y que a las pocas semanas ya no se notan sus efectos.

Los integrantes de FDA (Frente de Defensa de la Amazonia), con Pablo Fajardo como cabeza visible, sufrieron por parte de la multinacional persecusiones, amenazas y decenas de acciones judiciales, 25 de ellas tan sólo en EE UU.

En 2004, ocho días antes de comenzar la fase pericial del juicio, el hermano de Pablo, William Fajardo, de 28 años, fue secuestrado, torturado salvajemente y asesinado por unos desconocidos. Pablo, desde entonces, ha debido de cambiar constantemente de domicilio tras haber sido tiroteado por sicarios en dos ocasiones.

El pueblo Cofán, asimismo, sufrió su propio calvario, que comenzó cuando sus integrantes se convirtieron en  desplazados ambientales al ver que ya nada germinaba y que allí no se podía vivir. El chamán Guillermo Quenamá condujo a su gente a otras tierras y se enfrentó a Chevron. Por ello recibió un castigo ejemplarizante: le alcoholizaron hasta la muerte y prostituyeron a su viuda, Marina, en los campamentos de Texaco, durante 20 años.

Aunque la sentencia que obliga a Chevron-Texaco a pagar 9.500 millones de dólares ha sido inapelable, el litigio ambiental más importante de la historia todavía no ha acabado. Para que el fallo se haga efectivo, el dinero debe cobrarse. Pero Chevron ha vendido todo lo que tenía en Ecuador y sólo mantiene una cuenta con 352 dólares.

El equipo de Pablo Fajardo se ha visto obligado a recurrir a Cortes judiciales donde la compañía posee activos, como Canadá, Brasil o Argentina.

“Aunque Chevron ha dicho que no pagará, tiene inversiones en 50 países. Y la sentencia en Ecuador dice que la indemnización se puede cobrar en cualquier parte. Le obligaremos a pagar”, afirma Fajardo, “Y no descansaré hasta que pague. Sólo así dejarán de repetir este crimen”.

La indemnización de 9.500 millones de dólares se destinarán en su totalidad a descontaminar la selva y a regenerar el ecosistema de los indígenas. Representa, por lo tanto, el desagravio de muchas humildes comunidades aborígenes.

Y, también, la humillación del gigante petrolero, que deberá morder el polvo de su derrota.

En estos momentos y después de viajar por Francia, Alemania y Bélgica, Pablo Fajardo hace una gira por España para crear una red internacional y solidaria que denuncie el daño ambiental.

Este valiente y carismático abogado ecuatoriano fue nombrado Héroe del Año de la CNN en 2007 y también obtuvo el Premio Goldman, el Nobel del Medio Ambiente, en 2008.

Sin embargo, no hay nada que lo enorgullezca más que el apodo de “el hijo del rayo” con que lo conoce su gente de Río Agrio.

Allí todavía recuerdan que, el día en que nació, el parto se presentaba mal. La madre, exhausta, había dejado de luchar. La partera vió que estaban por fallecer madre e hijo. Pero se desató una tormenta, la palmera que había junto a la choza recibió la descarga de un rayo y, del susto, la madre repentinamente dio a luz a Pablo. La palmera quedó partida en dos y a sus pies brotó una fuente de agua cristalina y purísima…

Todo un presagio de lo que sería una vida extraordinaria.

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Desde que comenzó la crisis económica global se escuchan voces que pronostican el fin de la supremacía occidental, después de cinco siglos de dominación.

Occidente y Oriente se enfrentaron desde sus diferentes posturas ante el mundo ya durante las Guerras Médicas entre Grecia y Persia, en el siglo V a.C.

Grecia defendía las libertades individuales, el arte y la democracia; Persia imperaba a través de la tiranía, la guerra y el sometimiento de las masas a un único poder: el Rey de Reyes. A partir de allí, Occidente y Oriente se desarrollaron de manera divergente.

En la actualidad, Occidente flaquea, con su hegemonía económica amenazada por China y su seguridad quebrada por el fanatismo islamista. Ha perdido la confianza en sí mismo y se ha replegado en espera de tiempos mejores.

¿Cuándo comenzó la supremacía occidental, que se justificaba en la quimera de la superioridad de la raza blanca? En el siglo XV, con la primer carabela que emprendió la conquista de América, coincidiendo con la expulsión de judíos y musulmanes de España.

Según la escritora tunecina Sophie Bessis en su libro Occidente y los otros, a partir de allí, bajo este doble signo de una apropiación y una expulsión, Occidente, utilizando de ariete la inteligencia del Renacimiento, construyó una identidad colectiva de superioridad y supremacía en base a mitos y universalidades.

Con el triunfo de la Razón, dice Bessis en su crítica implacable, comenzó una lectura sesgada de la historia que ignoraba intencionadamente la presencia de Oriente en el pensamiento europeo.

Por ejemplo, inventando el mito del origen exclusivamente grecorromano de Occidente, para lo que borró las influencias babilónicas, caldeas, egipcias e indias asimiladas por la Grecia presocrática hasta Alejandro Magno.

España, por su parte, tan interracial y multicultural, renegó de sus raíces mediterráneas para obsesionarse con el etnocentrismo y la “limpieza de sangre” hasta 1865.

La creencia en la supremacía blanca, que comenzó a extenderse a partir del “descubrimiento” de América,  justificó ideológicamente tanto la conquista de poblaciones indígenas como la trata de esclavos africanos, basándose en el supuesto carácter infrahumano de esas razas.

Aunque se hable del Siglo de Oro de poetas, artistas y sabios, lo real es que fue entonces cuando Europa comenzó a aplicar la ley de la selva, la del más fuerte.

Las herramientas ideológicas de su dominación fueron la deshumanización del ‘otro’ y la construcción de una identidad cerrada, ambas presentes todavía en el subsconsciente de la Europa de hoy.

La cristiandad y la raza sirvieron para legitimar no sólo la conquista de América sino también todas las demás colonizaciones. Justo es destacar que España aceptó la mezcla racial desde el principio, a condición de que el americano aceptase ser cristiano, lo que fue el origen de la actual población mestiza en toda Hispanoamérica.

Las colonias británicas, en cambio, optaron por una férrea separación de razas y hasta por el genocidio de las tribus indias. ¡El matrimonio interracial estuvo prohibido en algunos estados norteamericanos hasta 1967!

Niall Ferguson, profesor en Harvard y un historiador muy influyente, en su ensayo Civilización: Occidente y el resto,  defiende en cambio la cultura occidental y lamenta el ocaso de quinientos años de supremacía de Occidente.

En este trabajo, Ferguson admite las injusticias de esta dominación, la arrogancia y su contradicción entre la proclamación de la igualdad de todos los seres humanos y el rechazo al otro, pero pone en valor aspectos positivos.

Afirma que Occidente triunfó gracias a sus killer apps (aplicaciones demoledoras): competencia, ciencia, propiedad privada, medicina, sociedad de consumo y ética del trabajo.

El punto clave es, para Niall Ferguson, que las instituciones sociales que permitieron la supremacía de Occidente ahora están siendo adoptadas por Oriente, lo que explica su ascenso en las últimas décadas.

Según Ferguson, el progresivo declive de Occidente se debe a la pérdida de confianza en sí mismo causada por su ácida autocrítica en lo que respecta a su historia de esclavitud e imperialismo, su presunta adicción a la guerra y la exclusión de minorías raciales en derechos y privilegios.

El muy weberiano y harvardiano Ferguson también achaca este deterioro a la secularización de la sociedad y al reemplazo de la cultura del trabajo por el hedonismo consumista.

Al demoledor ataque a Occidente de Sophie Bessis y a la indulgente defensa neoliberal de Niall Ferguson se suma una tercera voz, ésta conciliadora.

El historiador Felipe Fernández-Armesto, catedrático de la Universidad de Notre Dame, en su nuevo libro 1492: el nacimiento de la modernidad expone que desde esa fecha los lazos de interdependencia económica y de intercambio cultural que hoy se extienden por todo el mundo han ido multiplicándose. Fue, explica, el inicio de las grandes transferencias ecológicas que llevaron plantas, animales, gentes y microbios, desde Eurasia y África hacia el Nuevo Mundo y al revés.

Desde la prehistoria, hombres y culturas se habían separado “en un proceso divergente”. Pero desde 1492 “de forma asombrosa y repentina, surgió un nuevo modelo convergente. Nunca antes, ni nunca después en la historia de la evolución en este planeta, sucedió tal cosa dentro de un solo año», afirma Fernández-Armesto. Para él, Cristóbal Colón no fue el único protagonista de este milagro. También lo fueron los judíos sefardíes, el Extremo Oriente, el Índico, Rusia y las sociedades indígenas precolombinas.

Y todo gracias a China, para el historiador,  el gran motor del mundo…

“De allí nos llegaron todos los ingredientes de nuestro armario de ideas y tecnologías por los cuales solemos felicitarnos. Sin la pólvora, no hubiéramos experimentado una revolución militar. Sin el papel, no se habría dado nuestra forma moderna de gobernar burocráticamente. Sin papel moneda, no habría nacido nuestro capitalismo que amamos tanto. Sin los altos hornos de carbón, jamás habría surgido la revolución industrial. Todos son inventos chinos».

¿Será la comunidad mundial capaz de organizarse en el mundo multipolar al que aspiran China y otras potencias emergentes? ¿O continuará la pugna de superpotencias rivales?

Sin embargo, no sólo es el auge de estas economías lo que amenaza la supremacía occidental sino algo que la corroe por dentro: el fracaso progresivo de un sistema liberal basado en un capitalismo financiero, cuya principal equivocación ha sido olvidar el valor de lo humano.

La opinión pública occidental aspira a un desarrollo más equilibrado e igualitario, que ojalá coincida con la búsqueda de una sociedad más armoniosa por parte de los chinos.

Hace poco, el embajador norteamericano Chas W. Freeeman jr.,  explicaba:  “Los emblemas actuales de Estados Unidos son los bombarderos, las tropas terrestres, los aviones no tripulados cargados de armas letales; China evoca, cada vez más, torres y multitud de grúas, ingenieros, contenedores cargados de bienes de consumo… Los chinos pagan cash, entregan mercaderías a cambio de dinero y no exigen de sus socios comerciales que se adapten a sus preferencias políticas o les ayuden a promover su agenda imperial, como lo hacía Estados Unidos.”

Mientras tanto, Occidente expía sus pecados…

Hace poco el museo Quai Branlyde París ofrecía la muestra Exhibiciones: la invención del salvaje, una vasta exposición de 600 obras, documentos de época y filmes de archivo que hurgan en una herida todavía sin cicatrizar:  la ignominiosa locura colectiva que vivió Occidente entre aproximadamente 1850 y 1940.

Fue entonces, cuando, en las “exposiciones universales” de las principales ciudades, desde  Chicago a París y desde Londres a Berlín, se exhibían en zoos humanos a “salvajes”, “negroides” e “indígenas”, junto con mujeres barbudas, enanos y personas contrahechas, en un verdadero atentado a la dignidad humana.

Hasta que, finalmente,  toda esta paranoia de superioridad de la raza blanca explotó en forma de nazismo en Alemania, fascismo en Italia y franquismo en España.

Y, con tristeza y un estremecimiento de repulsa, recuerdo también al más cercano “negro de Bagnoles”, un africano disecado que se exhibió en el museo de esa localidad catalana hasta que, hace bien pocos años, alguien se apiadó de él y lo devolvió para ser enterrado en su bosquimana aldea natal…

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Apareció muerta hace dos meses, drogada y asfixiada, atada de pies y manos con una cuerda de color naranja… Tenía sólo 12 años y había sido adoptada en China cuando tenía pocos meses.

Sus padres, Rosario Porto Ortega y Alfonso Basterra, eran dos personajes relevantes de la vida social de Santiago de Compostela:  ella, una conocida abogada, hija única de un renombrado letrado y cónsul de Francia; él, periodista en varios medios .  Les gustaba recordar que cuando Asunta aterrizó en Santiago, no paraba de llorar…

Con el tiempo, la hija se convirtió en una niña alegre y estudiosa. Hablaba con fluidez varios idiomas, tocaba muy bien el piano, practicaba ballet y deportes, sus calificaciones escolares eran las más altas. Destacaba por su belleza oriental y su viva inteligencia. Era la adoración de su abuelo materno, Francisco Porto Mella, con quien daba largos paseos por el parque al atardecer.

En 2010 la vida familiar cambió súbitamente.  Fallecieron los dos abuelos, sin enfermedad previa y con tan sólo siete meses de diferencia.  Charo, la madre, libre ya de la desaprobación de sus padres, cambió de vida: se divorció de su marido, abandonó la abogacía y comenzó a mantener relaciones con un hombre casado.

Hace dos meses, el  sábado 21 de septiembre de 2013, Asunta apareció muerta debajo de un árbol en una zona boscosa. Sus padres habían denunciado previamente su desaparición y hablaban de un secuestro.

Pronto, sus contradicciones (y un increíble relato sobre un desconocido que había intentado estrangular a Asunta tiempo atrás) levantaron sospechas en los investigadores del crimen.

El cadáver no presentaba signos de violencia sexual y había sido cuidadosamente colocado debajo del árbol, signo de que quien lo había dejado allí sentía algún tipo de afecto por la víctima.

El día del funeral, los dos padres fueron detenidos.

El crimen causó estupor y conmocionó a España entera. La crónica negra del país jamás había registrado un caso como éste, en que ambos padres se pusieran de acuerdo para matar a una hija.

Los hechos investigados hablaban de una crueldad y frialdad estremecedoras.

Ese día habían comido los tres en casa del padre, quien espolvoreó un potente ansiolítico, Orfidal, sobre las albóndigas que sirvió a Asunta. Luego, la niña y su madre regresaron a su casa. Cuando Asunta comenzó a cabecear, Charo la metió en su coche y la condujo hasta la finca familiar de Teo.  Allí la ató y asfixió, tapándole la boca y la nariz con un pañuelo. Cuando terminó de anochecer, la llevó hasta una zona boscosa, donde la dejó a la vera del camino.

Familiares y conocidos comenzaron a recordar… Los dos abuelos habían muerto repentinamente  y habían sido incinerados por la hija, a pesar de sus profundas creencias religiosas. Desde que cobrara la suculenta herencia, Charo había emprendido negocios en Marruecos, adonde viajaba muy frecuentemente.

Asunta no aprobaba la nueva pareja sentimental de su madre y se lo había hecho saber, lo que había generado conflicto entre ambas. Sin embargo en junio, durante una estadía en Marruecos, el hombre le había dicho a Rosario que ya no quería seguir con ella.

Charo, una mujer caprichosa, egocéntrica y autoritaria, hija única y mimada al extremo por sus padres, que jamás había sufrido un rechazo,  sufrió una crisis nerviosa que provocó su internamiento médico.

Desde entonces comenzó a tomar Orfidal y tuvo un acercamiento con Alfonso, que la esperaba como un perro fiel. Y también desde esa época Asunta había comenzado a concurrir a clase drogada: “Mi madre me da muchas pastillas”, confesó a una profesora, “mi madre quiere matarme…”

Asunta escribía un blog en inglés en el que contaba cómo ‘un hombre malo’ había matado a un matrimonio, cuyos espíritus vagaban por un parque…

¿Había descubierto Asunta, tal vez, que sus abuelos habían sido asesinados y quisieron silenciarla?

Jamás podrá comprobarse. Pero los investigadores creen firmemente que Charo quería comenzar una nueva vida en Marruecos, sola y sin ataduras, y que Asunta “le sobraba”.

Por su parte, Alfonso, un periodista no muy trabajador, dependía económicamente de Charo. Se supone que por esa razón colaboró en un plan atroz e inconcebible y comenzó a sedar a Asunta a modo de ensayo, hasta encontrar la dosis ideal para dejarla indefensa:  5 cajas de Orfidal.

Cumplieron así el siniestro guión: él la drogó, para que ella pudiera matarla.

Y, como un juguete usado, como una muñeca rota con la que ya nadie quería jugar, Asunta fue abandonada al costado de un camino esa fría y húmeda noche del otoño gallego…

 

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El año pasado, Malala Yousafzai, de 15 años, era una estudiante aventajada del Valle de Swat, Paquistán.

A pesar de que los talibanes que controlaban la región habían prohibido la educación de las niñas, Malala, desde su blog, defendía desde los 11 años el derecho de las mujeres a aprender.

Una mañana que iba a la escuela fue abordada por un terrorista que le descerrajó varios tiros en la cara y el cuello. Malala quedó en estado crítico. Trasladada a Birmingham, Reino Unido, para su tratamiento y seguridad, la niña tuvo que sufrir varias intervenciones quirúrgicas para reparar los daños causados por los proyectiles. En una de ellas los médicos tuvieron que cubrir el gran agujero abierto en su cráneo con una placa de titanio.

La animosa Malala, milagrosamente viva y con su capacidad intelectual intacta después de múltiples cirugías cerebrales, ha conservado, como recuerdo de su batalla por la vida, el pedazo de cráneo que le extirparon.

Cuando volvió a clase en una escuela de Inglaterra, la adolescente exclamó: “Volver al colegio me hace muy feliz. Mi sueño es que todos los niños en el mundo puedan ir a la escuela, porque es su derecho”.

Su caso dio la vuelta al mundo, causando oleadas de apoyo y adhesión en todas partes. Ha sido galardonada con decenas de premios internacionales y ahora le ha sido concedido el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, el más importante de la Unión Europea. También este año aspiraba al Nóbel de la Paz 2013, la nominada más joven de la historia.

El pasado 12 de julio, día en que Malala cumplía 16 años, pronunció un discurso ante las Naciones Unidas en Nueva York: “Pensaron que las balas nos iban a silenciar, pero fracasaron. Y luego, a partir del silencio, surgieron miles de voces”.

Hace unos días ha aparecido su autobiografía Yo soy Malala, cuyos derechos se destinarán a la Fundación Malala, que becará a 40 niñas paquistaníes para que prosigan sus estudios. “Que estas 40 niñas se conviertan en 40 millones”, anheló Malala.

Bajo el lema: “En estos momentos, 250 millones de niñas en el mundo viven en la pobreza. Y, sin embargo, ellas son la fuerza más poderosa para cambiar el planeta” el movimiento Efecto Niña, auspiciado por las fundaciones Nike, NoVo, Coalición de las Naciones Unidas para las Niñas Adolescentes y el Plan Internaciona (impulsor de la celebración del Día Internacional de la Niña cada 11 de octubre y de la campaña “Por Ser Niña”) busca acabar con la doble discriminación –género y edad- que sufren millones de pequeñas en todo el mundo.

¿Por qué se habla de niñas y no de niños? Porque las niñas tienen tres veces más probabilidades que los varones de ser asesinadas, abandonadas, esclavizadas, mutiladas y violadas, de convertirse en niñas-esposas, analfabetas ó mendigas.

En escalofriantes cifras de la Unicef, en la actualidad y de manera anual:

. 100 millones de niñas desaparecen por feticidio ó abandono

. 14 millones de niñas son forzadas a casarse y a quedar embarazadas

. 140 millones de niñas han sufrido mutilación genital (y la cifra aumenta en 2 millones cada año)

. el 50 por ciento de las agresiones sexuales se dan contra niñas menores de 16 años

Ahora es, entonces, cuando el ejemplo de Malala nos recuerda que la llave de la libertad de esas futuras mujeres ha sido, es y seguirá siendo, el acceso a la educación. Sólo la educación logrará que ésta sea la hora de las niñas.

Una sola mujer educada en una comunidad primitiva produce “el Efecto Niña”, es decir, instruye, educa y se convierte en ejemplo para las otras mujeres. Una mujer educada será la madre de una familia educada, será el espejo donde se mirarán no sólo sus hijas sino las amigas de sus hijas y las hijas de sus hijas.

Escolarizar a las niñas es romper esa barrera amasada con siglos de sumisión, ignorancia y marginalidad que separa a las mujeres de los hombres en los países donde aquellas son menospreciadas.

Una mujer educada ya no baja la cabeza y mantiene su dignidad y su igualdad frente a cualquiera.

Hace poco, un periodista británico entrevistó a Malala y le preguntó qué haría si un asesino talibán se presentara ante ella otra vez.

“Le hablaría de lo importante que es la educación”, contestó Malala. “Y que quiero educación incluso para sus hijos. También le diría: ‘Eso es lo que quiero decirte, ahora haz lo que quieras’”.

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"La vuelta del malón", óleo de Ángel Della Valle, 1892

“La vuelta del malón”, óleo de Ángel Della Valle, 1892

Corría el año 1850. Cerca de San José del Morro, San Luis, Argentina, conocido fortín con posta en el camino de Buenos Aires a las provincias de Cuyo, vivía la joven Tiburcia Escudero con sus padres y cuatro hermanos menores. Ella misma nos cuenta qué sucedió ese día:

Yo tenía entonces 20 años. Era una hermosa mañana de noviembre y estaba haciendo cuajada en dos grandes ollas de hierro junto con mi mamá. De pronto, sentimos tal tropel como si el cerro se viniera abajo.  Salí  corriendo al patio y vi que, rodeando casi toda la casa,  había como doscientos indios gritando: “¡Matando huinca (cristiano)!”.

Solo atiné a decir: “Dios me salve”  y disparé para el lado de la barranca.  No había corrido ni cincuenta metros cuando un indio me agarró de las trenzas y me levantó en el aire. Me puso atravesada sobre la cruz del caballo mientras gritaba: “No escapando cristiana…Cristiana linda, no matando, llevando toldo”.

Volvimos al patio, donde otros indios estaban bajando de los caballos, dando vuelta todo lo que teníamos  y robando, en ese malón llevaron mucha hacienda de la zona.

De regreso a las tolderías, saquearon como tres viviendas más,  robando y matando. En algunas mataron niñitos que todavía no caminaban. Tres o cuatro bárbaros los tiraban para arriba, como a juguetes, mientra decían: “Ensartando piche-botón” (niños) y los clavaban con la lanza.

A mi me ataron de pie y mano con sogas de las boleadoras duras; el primer día ya me habían sangrado las muñecas y los tobillos. La güelta era una carrera desenfrenada; tardamos tres días hasta llegar a las tolderías. En el viaje sólo me daban un poco de carne cruda de potro, que yo no podía pasar, y algunos tragos de agua. El que me llevaba decía: “Cacique disponiendo de mujer blanca”.

Llegando a las tolderías me entregaron al cacique y este dijo: “Ser mía mujer blanca. Llamando chinas y entregando”.

Terminada la fiesta con que se celebró el regreso del malón, Tiburcia fue llevada a una cama de un hedor insoportable, hecha de palos y cueros:Yo pataleaba, gritaba y mordía; me resistí como pude y no me pudieron someter. Esa noche el cacique gritaba, medio borracho: Brava mujer huinca, amansando mujer blanca”. Me sacaron afuera las chinas, me ataron de pies y manos en otro palo y me dieron tal paliza que  lo último que me acuerdo es que quedé colgada de los tientos que me sujetaban”.

Después de dos días sin agua ni comida, sangrando por sus heridas, vencida por las penurias y el sufrimiento, Tiburcia se resignó, no sólo a complacer los lujuriosos deseos del indio,  sino también a realizar los más duros trabajos. “Traía leña, me cargaban como a un animal, me pegaban con ramas espinudas. Lo mismo hacían con otras cautivas.”

Durante los siglos XVIII y XIX en el Río de la Plata, el rapto de mujeres blancas por parte de los indios pampas se había convertido en el último desafío a quienes les habían despojado de sus tierras, su libertad y su estilo de vida. El ranquel le robaba así al blanco su más preciada pertenencia, la mujer.

Ese mestizaje violento, en el que se engendraba nueva vida mediante violaciones, y que había sido iniciado por los conquistadores españoles, que sometían a las mujeres indias contra su voluntad, fue el que generó al ‘gaucho’(ó guacho), palabra que en quechua significa “sin padre ni madre”.

Los malones, verdaderas incursiones depredadoras de los indios pampas en las tierras de frontera colonizadas por los blancos, se sufrieron casi hasta el final del siglo XIX y las mujeres de origen europeo vivían aterrorizadas ante su sola mención.

El botín del malón era, claro está, el ganado de las estancias, pero sobre todo mujeres (especialmente si eran rubias y de ojos azules), aunque también raptaban a niños y a algunos  hombres, a los que esclavizaban.

Preguntado un ranquel, cierta vez, del por qué de esa debilidad de los indios por las mujeres cristianas, exclamó sonriendo: “Mujer huinca, mucho fino, mucho lindo”…

El escritor Lucio V. Mansilla, quien en su libro  Excursión a los indios ranqueles  narró sus experiencias en las tolderías indias durante un viaje en 1870 para firmar un tratado de paz, explicaba: “Cuando el indio se cansa, o tiene necesidad, o se le antoja, vende o regala su cautiva a quien quiere. Sucediendo ésto, ella entra en un nuevo período de sufrimientos, hasta que el tiempo o la muerte ponen término a sus males”.

En ocasiones, las tribus accedían a entregar aquellos cautivos cuyas familias pagaran un rescate jugoso. En 1779, por ejemplo, se liberó a una cautiva a cambio de tres mantas de una bayeta, sombreros, lomillos, estribos, espuelas, un pellón de sal, tres ponchos, cinco caballos y cincuenta yeguas.

Las damas de la sociedad porteña solían reunir fondos con el fin de rescatar a algunas desgraciadas…

Muchas de éstas prefirieron no regresar a la civilización. Unas, por amor a sus hijos de color cobrizo, que no tendrían cabida en la sociedad cristiana. Otras, por vergüenza de enfrentarse a las murmuraciones. La mayoría, por haber llegado a amar la libertad de las grandes planicies desiertas barridas por los fuertes vientos. Y, también, por haberse vuelto ellas mismas tan salvajes como sus captores. Jorge Luis Borges contaba sobre una cautiva que, años después de ser rescatada, vió sacrificar a una yegüa. No pudiendo resistir el impulso, corrió a pegar su boca sobre la herida abierta para tragar la sangre tibia que manaba, tal como lo había hecho en ‘Tierra Adentro’…

¿Cómo termina la historia de Tiburcia? Según su estoico relato al maestro Humberto Silvera en 1924, intentó escapar en varias ocasiones, sufriendo por ello terribles palizas. Después de la tercera huída recibió el peor de los castigos reservados para ese delito: le desollaron las plantas de los pies. Tardó semanas (en las que tuvo que arrastrarse) hasta que pudo por fin ponerse de pie. También pasaron meses hasta que logró volver a caminar y casi un año en recuperarse del todo.

Pero volvió a intentarlo: esta vez se llevó tres de los mejores caballos del cacique, provisiones y mantas. Galopó día y noche bajo la nieve (que borraba sus huellas) hasta llegar a la frontera, donde la encontraron tres camperos.

Me entregaron al comandante del fortín del Morro…Me llevaron a mi casa después de casi cuatro años de penurias… Me anoticié de que a mi madre la habían matado los infieles cuando trataba de defenderme y que mis hermanos se habían escondido en un hueco de barranca y se habían salvado  porque los indios no los habían visto.Mi tata estaba muy viejito y enfermo; a los demás niños casi no los conocía, ni ellos a mí, así fueron las suplicas que yo pasé en ese infierno que llaman toldería .”

Tiburcia, esta heroica superviviente, se casó, tiempo después de su huída de territorio ranquel, con un paisano apellidado Alaniz, aunque no tuvieron descendencia. Vivió una existencia dura y provechosa, hasta fallecer a los 104 años en 1931.

Enterrada en el cementerio de San José del Morro bajo una cruz de hierro, en la sencilla lápida  todavía hoy, 83 años después, puede leerse claramente su nombre “Tiburcia Escudero, q.e.p.d.”, que sobrevive milagrosamente al paso del tiempo.

Como su extraordinaria historia…

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Con una fortuna actual de casi 3 mil millones de dólares, Oprah Winfrey es, según la revista Forbes, la persona afroamericana más rica del mundo.

La “reina de la televisión” norteamericana, está considerada, además, como una de las mujeres más influyentes del planeta. Tanto, que el presidente Barack Obama ha dicho que ganó la Casa Blanca gracias a ella. Hace poco ha sido nombrada, también, entre las cuatro personas que se considera dieron forma al siglo XX.

Nominada a un Óscar (por su papel de Sofía en la película El color púrpura de Steven Spielberg) y ganadora de varios premios Emmy, dueña de un imperio de medios que incluye un canal de televisión, una productora y una serie de libros y revistas, actriz y filántropa, Oprah es la creadora y conductora de un éxito televisivo sin precedentes, el Oprah Winfrey Show, el programa con mayor audiencia de la televisión estadounidense, vigente desde 1996.

En él sobresale, en especial, por sus profundas y humanas entrevistas, en las que consigue que hasta el invitado más impenetrable le abra su corazón.

Esta brillante comunicadora, crítica de libros y editora, acostumbra a trabajar con verdadera pasión. De inteligencia aguda, luchadora incansable, Oprah ha desplegado su talento multifacético en todas las vertientes del espectáculo y del periodismo.

Pero no se ha olvidado de los menos afortunados: ya lleva aportados más de 50 millones de dólares a obras de caridad, además de contar con su propia fundación de ayudas y de gestionar un programa de becas para beneficiar a mujeres, niños y estudiantes desfavorecidos.

Considerada un ídolo de masas, sus detractores afirman, sin embargo, que tiene una personalidad friamente calculadora, ambiciosa y despiadada y que nada la detiene a la hora de lograr sus fines…

Esta mujer hecha a sí misma, a quien hace pocos vimos en un difundido reportaje al ciclista Lance Armstrong, tuvo una infancia triste y durísima de la que emergió, como una mariposa de una crisálida, para transformarse en la mujer exitosa que es hoy.

Fruto de un amorío adolescente, Oprah nació en 1954 y, abandonada por sus padres, se crió en el miserable hogar de su abuela Hattie Mae Lee en Mississippi, EE.UU. Sus primeros años fueron difíciles. Era una niña negra, ilegítima y pobre, en el corazón del sur de la América más profunda… Sus primeros vestidos estaban confeccionados de sacos de alubias, por lo que solía ser objeto de las burlas de otros niños.

A los seis años fue a vivir con su madre y comenzó así la peor etapa de su vida. Abusada por un tío, un primo y un amigo de la familia, Oprah no descuidó, sin embargo, sus estudios como alumna aventajada. A los trece años, harta de los abusos, escapó de su casa, con la secreta esperanza de que tal vez la policía la llevaría a vivir con su padre, en Nashville, Tennessee. Anduvo con gente de mal vivir, pero poco después logró su anhelo: fue a vivir con su padre.

Éste, por medio de una educación estricta y mucha disciplina, logró hacer de ella una eximia estudiante y líder del equipo de oratoria.

A partir de allí su camino se allana. Oprah obtuvo una beca que le permitió estudiar Comunicación en la Universidad del Estado de Tennessee, ganó concursos de belleza, incursionó como actriz y comenzó a trabajar de reportera para una radio local.

A los 22 años ya conducía un programa de televisión y, desde entonces, su carrera fue imparable.

Adorada por millones de seguidores y atacada por los que le critican su apetito de poder, Oprah fue hace unos años protagonista de un libro no autorizado, Oprah: una biografía.

En ella, su autora, Kitty Kelley, después de cuatro años de minuciosa investigación, describe en sus más de 530 páginas el lado más secreto de la personalidad de Oprah: su drogodependencia, su lucha contra la obesidad y la relación lésbica con Gayle King, su mejor amiga.

Cuando le comentaron su contenido, Oprah, la mujer más poderosa de su país y la más rica de la tierra, sonrió desdeñosamente, encogiéndose de hombros: “No coopero con el libro, ni lo aliento ni dejo de alentarlo. Si ella quiere escribirlo, pues estupendo. Estamos en los Estados Unidos, éste es un país libre…”

Sin embargo, el año pasado la sorprendente Oprah Winfrey dejó boquiabierta a la audiencia cuando decidió confesar, en medio de un programa televisivo de la CNN, que el peor momento de su vida había sido cuando había quedado embarazada a los 14 años y había pensado, entonces, en suicidarse.

“Tenía sólo 14 años y mi embarazo fue producto de mi promiscuidad. Habiendo sido abusada sexualmente desde los 9, 10, 11, 12 años, a los 13 no me negaba absolutamente a nadie, no tenía límites. No sentí nada por el hijo que esperaba, porque ya había decidido matarme antes de que naciera. Entonces hice tonterías, como beber detergente, pero no logré suicidarme. Cuando mi bebé nació muerto, me sentí aliviada: la vida me daba una segunda oportunidad”.

Hoy en día, Oprah (quien nunca se casó ni tuvo otros hijos) considera que lo mejor que pudo haber pasado es que su hijo no viviera: “En esa época y rodeada de problemas y abusos, haberme convertido en madre hubiera significado el fin de mi vida y la de mi bebé”.

Claro ejemplo de voluntad y coraje, esta mujer valiente y de fuerte personalidad ha demostrado que se pueden superar hasta los más amargos momentos de la vida.

Y ofrece hoy su lado más luminoso después de haber decidido, con éxito, reinventarse a sí misma.

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Marita Verón, poco antes de su desaparición.

Marita Verón, poco antes de su desaparición.

Un polémico fallo judicial acaba de sacudir Argentina hasta los cimientos: los trece acusados de secuestrar y explotar sexualmente a María de los Ángeles Verón (‘Marita’) han sido absueltos en  Tucumán.

Gracias al coraje y determinación de Susana Trimarco, su madre,  el ‘Caso Verón’ traspasó las fronteras de esa provincia hasta llegar a los medios de comunicación de todo el mundo.

Marita desapareció la mañana del 3 de abril de 2002, a los 23 años, tras salir de su casa para ir a una consulta médica.  Dejó a su hijita de tres años momentáneamente al cuidado de su madre, pero jamás regresó.

Sus padres la buscaron incansablemente hasta que él murió de pena.  Susana, decidida a encontrar a su hija, comenzó a investigar por su cuenta.

Marita había caído en las redes de una mafia de tráfico de personas que abastecía a burdeles del norte argentino. La habían visto en La Rioja, con el pelo teñido y lentes de contacto, drogada y ausente.

Susana Trimarco no dudó en hacerse pasar por una prostituta para entrar en ese submundo.

Y entonces comenzó a desenredar una complicada madeja de complicidades,  en la que estaban involucrados policías, jueces, empresarios y hasta dos de los gobernadores de Tucumán, Julio Miranda, y el actual, José Jorge Alperovich, que había sido el brazo derecho de su antecesor (Alperovich también ha sido el primero, en 200 años de historia, que se autodesignó único elector de jueces en todos los estamentos del poder judicial de la provincia).

El juicio reconstruyó el calvario sufrido por Marita: secuestrada a golpes de culata, había sido  violada, drogada y obligada a tomar parte en una orgía sexual. Aunque logró escaparse tres días más tarde,  la propia policía la había devuelto a sus secuestradores.

A partir de allí había iniciado su periplo por diferentes prostíbulos de la provincia de La Rioja, como ‘Candilejas’, ‘Candy’ y ‘El desafío’, y había sido forzada a tener un hijo con uno de sus verdugos para asegurar su sumisión. La misma Marita  había contado esta historia a otra chica, recomendándole no resistir, única manera de sobrevivir en el mundo de la trata.

Cuando su madre había empezado a investigar, la joven había sido vendida apresuradamente a una red española. Después la habían hecho regresar a Argentina y desde entonces se pierde su rastro.

Susana Trimarco ha seguido sus pasos de burdel en burdel.  Pero en cada ocasión la mafia, avisada de antemano de estos allanamientos, han sacado del lupanar a Marita y a las menores de edad antes de la llegada policial.

A su paso por estos antros Susana ha ido liberando a más de 140 esclavas sexuales (17 de ellas en España) y hasta ha creado para este fin la “Fundación María de los Ángeles”.

Pero ella quiere encontrar a Marita.

“Jamás voy a dejar de buscarla, caiga quien caiga” reitera Susana ciegamente, “mi misión es mi hija. No quiero cerrar los ojos hasta saber de ella. Hay muchas chicas desaparecidas a las que estamos ayudando, pero yo quiero a mi hija. La quiero viva ó muerta, aunque sea huesos”.

El tesón de Susana ha conseguido no sólo que el caso no caiga en el olvido sino también que haya logrado resonancia internacional, tras haber sido llevado éxitosamente al cine y la televisión.

La semana pasada la absolución de los verdugos de Marita provocó una tremenda ola de indignación popular en Argentina, produciéndose grandes movilizaciones tanto en Tucumán como en Buenos Aires.

El Tribunal, temeroso  de la polémica que se desataría, leyó el veredicto pero arguyó que presentaría los fundamentos de su decisión el día 18 de este mes. Ayer, ante la lógica estupefacción pública, ha vuelto a postergarlo.

Mientras tanto, las chicas que fueron rescatadas y que declararon en el juicio viven atemorizadas. La Justicia no les ha creído (“Son putas porque les gusta, porque es dinero fácil”, aducen algunos) y resultan un blanco fácil para los verdugos que quieren vengarse de ellas.

Sólo en Argentina se contabilizan casi un millar de casos documentados de desapariciones similares a la de Marita Verón y, en América Latina, más de dos millones. En todo el mundo, cuatro millones de personas (en su mayoría niñas, niños y mujeres) se convierten anualmente en víctimas de la trata, explotación que mueve más de 32.000 millones de dólares al año, el segundo negocio ilícito más lucrativo después de las drogas.

Diez años de lucha, Susana contra la mafia, David frente a Goliat…

La frágil mujer, armada sólo con su amor de madre, está haciendo tambalear a la más sórdida y repugnante de las tramas delictivas del país.

Un perfecto ejemplo de cómo una sola persona, si está completamente determinada a conseguirlo, puede cambiar el curso de los acontecimientos.

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“Quien es cruel con los animales, no puede ser una buena persona”, afirmó Arthur Schopenhauer…

Y no se equivocaba.  La reciente tragedia de  El Salobral confirma lo que siempre habíamos sospechado: que quien se divierte disparando tiros por el campo y asesinando animales inocentes (y con tanto derecho a la vida como él), puede terminar matando a cualquiera que lo contradiga: su novieta de 13 años, el amigo que desaprobó el romance, etc, etc…

¿Por qué llaman a la caza ‘deporte’ si no es más que una práctica cruel? Hacer puntería para convertir a un bello animalito rebosante de vida en un guiñapo inerte, un amasijo de sangre, tierra y pelo ¿es eso deporte?  Ciertamente, para el animal no lo es, no participa de esta siniestra diversión, para él tan sólo se trata de una cuestión de vida ó muerte.

He aquí algunos apuntes sobre la caza, el ‘deporte de los reyes’, en la civilizada Europa:

a) España es el único país de Europa donde se permite la caza con perros galgos. Cada año se utilizan medio millón de galgos para cazar, de los que 50.000 son eliminados al terminar la temporada.  Son abandonados, tiroteados en la cabeza, colgados de un árbol, quemados vivos, ahogados, sacrificados con inyecciones de lejía, tirados a pozos profundos hasta que mueren de hambre y de sed ó, en una refinada y suprema muestra de crueldad, ahorcados con la modalidad de ‘tocar el piano’.  Es decir, estrangulados según el castigo que sus amos les quieran dar por su comportamiento: si han sido malos cazadores, sus patas traseras tocan el suelo y en ellas pueden apoyarse, pero sus patas delanteras sólo rozan el suelo. Cuando los animales intentan apoyarlas completamente para descansar, se ahorcan. Los galgos así colgados pasan horas y horas intentando apoyar las manos en el suelo y luego levantándolas enseguida, rozando el suelo sólo con los dedos… como un pianista que coloca sus dedos sobre el teclado, sin apoyar las manos en él.  Los animales terminan ahorcándose después de muchas horas en las que tratan de mantenerse sobre sus patas traseras.  Los perros que han sido buenos cazadores, en cambio, son ahorcados directamente de modo que sus patas delanteras quedan colgando del aire y sus patas traseras tocan ligeramente el suelo. La muerte así es más rápida. Asombrosa misericordia…

b) El lobo, el lince y el oso pardo están prácticamente extinguidos en Europa a causa de la caza, y el águila se encuentra muy diezmada. En Francia se importan cada año animales del extranjero para ser abatidos por los cazadores: 6.200.000 faisanes, 800.000 patos silvestres, 500.000 perdices y codornices y 200.000 liebres. Y además,  los cazadores en Alemania matan cada año cerca de 400.000 gatos domésticos y aproximadamente 40.000 perros, sólo por  practicar su puntería…

c) A menudo los animales son tan sólo tocados por los disparos. La búsqueda posterior, si es que ésta tiene lugar, dura horas o días. Hasta el disparo mortal los animales se arrastran horas o días enteros con el cuerpo destrozado, las vísceras colgando o los huesos rotos a través del bosque para huír de los cazadores. También muchos animales, en especial aves silvestres, son alcanzados por el plomo de los cazadores aunque no mueren al momento, porque no han sido dañados los órganos vitales. Así que padecen durante horas o días hasta que mueren a consecuencia de las heridas. Uno de cada cuatro patos vive con heridas de disparos.

d)  Desde hace dos años la Junta de Castilla y León, España, subvenciona clases de caza en colegios públicos para niños y niñas de 7 a 12 años. Al acuerdo, firmado a petición de la Federación de Caza de esta comunidad,  ya se han destinado 303.000 euros. Con ésto el presidente de la entidad  pretende “frenar la intoxicación informativa y la ‘Cultura de Bambi’ entre los jóvenes, en las que los cazadores son malos y los ciervos buenos”.

e) La caza mueve cada año más de 2.230 millones de euros en el Estado español, según un estudio de la Real Federación de Caza, aunque otros informes elevan la cifra a 3.580 millones de euros.

Sin embargo, lenta pero inexorablemente,  se va abriendo paso en la conciencia colectiva la noción de la responsabilidad que tenemos hacia los animales, nuestros antepasados en la escala evolutiva, nuestros hermanos pequeños…

Hace pocos días Costa Rica ha prohibido la caza deportiva. Este pequeño pero pacífico y  civilizado país, que siempre ha sido ejemplo de sociedad democrática y que desde sus comienzos ha omitido  destinar dinero en un ejército, vuelve a dar una muestra de civismo al convertirse en  la primera nación del continente americano en sancionar una ley que inaugura una nueva época en el mundo.

La era en la que no sólo la caza estará prohibida. También la tauromaquia, el boxeo y cualquier otro entretenimiento sádico y sangriento que consista en golpear, torturar, mutilar ó aniquilar a cualquier ser viviente (incluído el hombre) como forma de ocio recreativo.

Erradicar estas salvajes prácticas harán que la humanidad avance un paso de gigante en su desarrollo moral y que nuestros niños sean mejores personas de lo que hemos sido nosotros.

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La terrible historia de los pequeños Ruth y José, incinerados por su propio padre en una inmensa hoguera, ha estremecido a España entera durante las últimas semanas.

El 15 de septiembre del año pasado, Ruth Ortiz le anunció a su marido, José Bretón, que iba a separarse de él.

Transcurridos 22 días, sus hijos de 6 y 2 años desaparecieron misteriosamente.

Una antropóloga forense dictaminó en esos momentos que los pequeños huesos que se habían encontrado entre las cenizas de la hoguera eran de animales.

Ahora dos distinguidos paleontólogos afirman que, sin lugar a dudas, los huesos son humanos, ya que entre ellos se han hallado algunos trozos de fémur y varios dientes de niño.

Más allá del bochornoso tropiezo de la policía científica de Madrid, con esa increíble equivocación en el primer resultado y con la todavía más increíble ausencia de un segundo examen que lo ratificara, la pregunta que todo el mundo se hace es: ¿cómo pudo un padre planificar y preparar durante semanas la fría ejecución de sus propios pequeños?

Aunque lo sucedido nos encoja el corazón, lo cierto es que la capacidad para el mal existe y todos nosotros la llevamos dentro, en forma del cerebro Triuno.

El Dr Paul MacLean, Director del Laboratorio de Evolución del Cerebro y Comportamiento en el Instituto Nacional de Salud de EE.UU., ha dicho que, esencialmente, los seres humanos tenemos tres cerebros, que corresponden a diferentes etapas de la historia evolutiva.

El más antiguo y primitivo es el cerebro reptilíneo (o complejo-R), que controla la supervivencia de la especie, la territorialidad y el ejercicio de poder.

Luego vinieron el sistema límbico, que compartimos con los mamíferos y que provee de sentimientos y emociones, y, finalmente, el específicamente humano, el neocórtex, que nos aporta la capacidad para el lenguaje, la visualización, la imaginación, la creatividad y el simbolismo, únicos en los seres humanos.

Un cerebro no reemplazó al otro, todos se conservan intactos en sus formas evolutivas y sus funciones, trabajan juntos, de ahí lo de ‘cerebro Triuno’.

Porque sus partes no se han integrado a veces falla la coordinación y un cerebro predomina sobre el otro. El reptilíneo es, probablemente, el que propició todos los sacrificios humanos rituales, especialmente los de niños inocentes, cuyo ceremonial se remonta a la noche de los tiempos.

En la naturaleza estos asesinatos son habituales, muchos animales matan y se comen a sus propias crías, cuando éstas nacen deformes o si dudan de que sean de su propia progenie.

José Bretón (exmilitar en Bosnia) tiene 39 años, es maniático, ordenado, machista, celoso, narcisista y de una frialdad glacial (reptilínea).  Acomplejado por su baja estatura, su voz aflautada y su fracaso laboral, solía repetir: “Fuera soy un mierda, pero en mi casa mando yo”.

Su mujer, veterinaria, ganaba más de 1.700 € al mes mientras él sólo percibía los 465 € de su subsidio de desempleo, razón por la cual él debía quedarse en casa a cuidar de los niños mientras Ruth salía a trabajar.  Otra razón para el resentimiento…

A Bretón le molestaba si los niños tosían, se ensuciaban o estornudaban, por lo que los abuelos encontraban siempre a los dos pequeños extrañamente cohibidos y silenciosos ante la presencia de su padre.

Seguramente su cerebro reptilíneo percibió el abandono de su mujer con sus dos hijos como una afrenta a su hombría y una invasión de su territorio, por lo que resolvió vengarse.

El lugar elegido para erigir el altar del sacrificio fue su finca de naranjos próxima a la ciudad de Córdoba, “Las Quemadillas”, de siniestro nombre premonitorio.

Es probable que José Bretón planificara hacer desaparecer a los niños a lo Madeleine McCann, tras lo cual, fantasearía, Ruth y él se unirían nuevamente para recorrer el mundo en su busca, como lo hizo el matrimonio inglés…

Javier Urra, psicólogo forense, ve en este caso comportamientos propios del maltratador más violento: “Nos enfrentamos a una persona de una inteligencia media, narcisista y propensa a la exhibición, histriónica y obsesiva. Si se confirma que este hombre ha matado a Ruth y a José quedará claro que su única intención ha sido hacer el mayor daño posible a su esposa”.

Y añade: “Seguro que lo hizo con el convencimiento de que estaba asesinando a los hijos de su esposa. Él había renegado de ambos niños y ya no se consideraba su padre, por lo que el dolor que sentiría sería mínimo”.

El filicidio por venganza conyugal es, desgraciadamente, bastante habitual en los matrimonios desavenidos. Especialmente entre los hombres, aunque también puede darse en alguna mujer, como en el caso de la estranguladora de Santomera.

Generalmente lo cometen en un impulso homicida que suele seguirse por arrebato y ofuscación, aunque no es habitual que sea gélida y minuciosamente planificado durante varias semanas, como en el caso de Bretón, apodado ya  “el Monstruo de Las Quemadillas”.

Hace poco Francisco Blanco, de Gran Ganaria, estrelló su coche delante de la casa de su exmujer mientras le decía por el móvil: “Asómate a la ventana para ver lo que te mereces”. Él y su hijo de 10 años murieron carbonizados… Blanco tenía una orden de alejamiento de su ex, y sin embargo, disponía de permiso para ver al pequeño.

Miguel Hidalgo, de Inca, Mallorca, ahorcó a su hijo de 5 años en el baño y luego se suicidó en el hueco de la escalera. También Emilio C. asfixió al bebé de 5 meses de su pareja el pasado 10 de enero pasado en Valls (Tarragona)…

Sobre este nuevo caso de filicidio vengativo, el de Bretón, el forense Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la violencia de género, especifica: “Muchos homicidios se producen en el momento en que ella se va y él ya no puede controlarla”.

Y agrega: “Un maltratador no puede ser un buen padre. Hay que revisar la ley para impedir que puedan acceder a los hijos quienes tienen antecedentes por malos tratos, para que estos terribles crímenes no vuelvan a producirse”.

Que los legisladores y gobernantes tomen buena nota.

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Mariana Pineda, interpretada por Pepa Flores.

Hace 200 años, en Cádiz, se promulgó la primera Constitución española conocida popularmente como ‘la Pepa’ por haber sido sancionada el 19 de marzo, Día de San José.

Fue una de las más liberales de su tiempo: establecía la soberanía en la Nación (y no ya en el rey), la separación de poderes, el sufragio universal, la libertad de imprenta y la abolición de los señoríos, entre otros avances.

Pero duró poco, ya que fue abolida en 1823 por Fernando VII, quien restauró el régimen señorial y represivo de la monarquía absolutista de los borbones.

A partir de entonces, muchas fueron las tertulias donde los liberales de toda España conspiraron para defender el derecho a la libertad que había garantizado la Constitución derogada.

Entre ellos destacaba una joven granadina de origen noble, Mariana Pineda, que había quedado viuda a los 18 años con dos hijos pequeños.

Rubia, de ojos azules y tez muy blanca, Mariana era, a sus 26 años, la viuda más bella de Granada. Y la más escandalosa: no sólo se había casado embarazada a los 14 años sino que, cuando perdió a su marido, había vivido con toda naturalidad su libertad sentimental con otros hombres, algo poco frecuente en la época. Con el último de sus amantes, José de la Peña y Aguayo, había tenido otra hija.

Su primo y correligionario, Fernando Álvarez de Sotomayor, cayó preso y Mariana lo ayudó a fugarse, escondiendo algunos documentos comprometedores en su casa de la calle Águila.

Sus compañeros de lucha también le pidieron que confeccionara una bandera para un alzamiento que se proyectaba y Mariana la encargó a unas bordadoras del Albaicín.

La enseña tenía dos metros de largo, era de tafetán morado y llevaba bordado en hilo rojo el lema liberal:  ‘Igualdad, Libertad y Ley’.

Cuando Ramón Pedrosa, subdelegado principal de la policía, se enteró de la existencia de la  bandera a través de una denuncia ordenó allanar la casa de Mariana, encontrando también los documentos ocultos.

Pedrosa era un pretendiente despechado. Confundiendo la libertad sexual de Mariana con libertinaje, había pretendido conquistarla en numerosas ocasiones, pero ella siempre lo había rechazado.

Descubierta, Mariana fue detenida. Primero bajo arresto domiciliario y, después de intentar  escapar de su casa disfrazada de anciana,  recluída en el convento de Santa María Egipcíaca, que había sido utilizado para rehabilitar prostitutas.

La interrogaron una y otra vez.

Pedrosa intentó convencerla de que delatara a sus cómplices (entre los que se encontraba su amante, José de la Peña) a cambio de perdonarla, pero ella se negó, contestando rotundamente:  “Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios para comprometer a nadie. Me sobra firmeza de ánimo para arrostrar el trance final.  Prefiero sin vacilar una muerte gloriosa a cubrirme de oprobio delatando a persona viviente …”

Fue sentenciada a muerte. Sería ejecutada por garrote vil, una muerte lenta y terrible en la que se ata a la garganta del condenado una soga que luego se retuerce por detrás con un palo hasta el estrangulamiento.

Al hacerse pública la sentencia, Mariana solamente dijo: El recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra causa que todas las banderas del mundo”.

La noche anterior a su muerte, Mariana escribió su testamento y también una carta para despedirse de sus tres hijos pequeños. En ella les decía que moría dignamente por la libertad y la patria.

Antes de acostarse, aceptó cambiarse de vestido pero rechazó que le quitaran las ligas afirmando: “Jamás consentiré ir al patíbulo con las medias caídas”.

La mañana del 26 de mayo de 1831, en un hermoso día de primavera, fue trasladada al cadalso a lomos de mula. Junto a ella caminaban funcionarios de justicia, sacerdotes y militares. Todas las desembocaduras del Albaicín estaban repletas de mujeres que lloraban ante su serenidad y entereza.

Mariana llevaba un vestido de percal azul con flores de azucena de color caña, medias grises y zapatos de talifete negros. Su pelo rubio, generalmente recogido con una peineta, caía suelto sobre los hombros y el pecho.

Tenía sólo 26 años y dicen que nunca se la había visto tan bella como ese día…

Fue enterrada al atardecer en el cementerio de Almengor, sin lápida ni cruz, aunque dos misteriosas figuras de negro clavaron una cruz esa misma noche sobre su tumba.

Con su ejecución se quiso castigar, no sólo a los liberales y a su Constitución, sino también a las mujeres que pretendían participar en la vida política.

Quisieron borrarla de la faz de la tierra, pero no lo lograron. Mariana permaneció en la memoria y el corazón de su pueblo como emblema de libertad y de  coraje.

Desde entonces se han cantado numerosos romances con su nombre en todo el mundo. Federico García Lorca (otro mártir granadino de la libertad) escribió una obra basada en su historia. También en los años 80 su sacrificio inspiró una miniserie televisiva protagonizada por Pepa Flores.

Granada, su ciudad natal, la honró convirtiendo su casa de la calle Águila en un museo,  bautizando una plaza con su nombre y erigiéndole en ella una estatua a cuyo pie reza: “Heroína de la libertad”.

En 2006 el Gobierno de la Unión Europea le rindió homenaje otorgando su nombre a la entrada principal del Parlamento Europeo, como símbolo de la aportación española a la lucha por los derechos y libertades en Europa.

En este 2012 en que se conmemora la primera Constitución española, que tanta sangre costó, envuelta en su bandera regresa la inmortal Mariana y su extraordinario ejemplo de valor y dignidad.

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