
El pasado fin de semana se produjeron graves disturbios entre colectivos de inmigrantes subsaharianos y marroquíes en el municipio de La Mojonera, Almería, tras la muerte a puñaladas de un maliense de 24 años, Sega Sisoco.
Al parecer, el joven africano iba a entrar a un locutorio para enviar dinero a su familia en Mali cuando tres marroquíes, también jóvenes, intentaron robarle la billetera.
Se produjo un forcejeo en el que Sega recibió tres puñaladas que le produjeron la muerte.
La reacción no hizo esperar entre los subsaharianos que residen en esta localidad.
Allegados y compatriotas de la víctima se dirigieron al lugar de los hechos donde arrojaron piedras, vaciaron contenedores y prendieron fuego a varios vehículos y a un contenedor, además de dañar dos establecimientos comerciales regentados por magrebíes.
También se produjeron violentos enfrentamientos entre las dos comunidades de inmigrantes.
Poco después se detuvieron a varios de ellos: tres marroquíes acusados del asesinato y cinco subsaharianos a quienes se considera responsables de causar los daños.
Desde entonces la Guardia Civil mantiene un dispositivo de seguridad en La Mojonera con refuerzos procedentes de Sevilla y Valencia.
A raíz de estos hechos el Partido Popular ya ha demandado al Gobierno la expulsión de todos los inmigrantes que participaron en los enfrentamientos, según palabras textuales “como medida ejemplarizante para que no vuelvan a ocurrir, seguramente de forma más intensa”.
Y recalca que estos últimos años ha habido, en la zona, un aumento de la delincuencia del 40 %.
Aparte de las declaraciones partidistas, lo cierto es allí se concentran más de 15.000 inmigrantes que llegaron a Almería en innumerables pateras.
Este considerable flujo migratorio amenaza con romper el frágil equilibrio demográfico de la zona
El primer disturbio grave fue en febrero de 2000, cuando unos incidentes xenófobos obligaron a más de 3.000 inmigrantes a refugiarse a campo abierto.
El segundo ocurrió hace tan sólo tres meses, el 6 de septiembre, cuando una reyerta en un barrio marginal de Roquetas de Mar se cobró la vida de un joven, Ousmane Kote, a manos de un español, con la consecuencia de fuertes enfrentamientos entre almerienses e inmigrantes que provocaron el caos.
Pero los vecinos españoles no culpan a los inmigrantes. Saben que la mayoría no tienen papeles ni recursos y que ahora, con la crisis, tampoco consiguen trabajo como temporeros.
Para colmo muchos españoles han regresado de la ciudad para trabajar en el campo, también debido a la crisis.
Este hecho ha agravado la situación desesperada de los inmigrantes y los ha llevado ya a saquear los campos y los huertos de los agricultores para poder comer.
Una bomba de tiempo que puede volver a estallar en cualquier momento y con mayor virulencia.
En este 60º aniversario de los Derechos Humanos, habrá que arbitrar todos los medios posibles para desactivarla cuanto antes.
. Una bomba de tiempo
Diciembre 10, 2008 por María Eugenia Eyras

Varias precisiones, si las permite:
Dice “El primer disturbio grave fue en febrero de 2000, cuando unos incidentes xenófobos obligaron a más de 3.000 inmigrantes a refugiarse a campo abierto”. Esa es la version progre y políticamente correcta que propalaron en los medios de comunicación. Previamente a esa violencia causada por la necesidad de autodefensa de los almerienses, hubo tres asesinatos de españoles a manos de inmigrantes marroquíes. Ese dato no se puede omitir.
El asesinato de hace tres meses en Roquetas de Mar lo cometió una persona con pasaporte español pero de etnia gitana y los sucesivos enfrentamientos con africanos los protagonizaron miembros de esta etnia (gitana). También es un dato que no se debe omitir para hacerse una composición de lugar lo más exacta posible.
De acuerdo, no omitamos ningún dato.
Pero estos enfrentamientos entre las etnias minoritarias y desfavorecidas del país nos dicen algo y hay que saber escucharlo.
El mensaje es que quieren integrarse y ocupar un lugar en nuestra sociedad, lo que será la única manera de acabar con estas estériles y peligrosas rencillas.